2018 y la triple herencia del modelo M

El paso de Macri por la Casa Rosada dejará al menos tres grandes estigmas para el futuro del país: el endeudamiento, la licuación de salarios y un aparato represivo habilitado para atacar, pegar y tirar. Las tres se profundizaron este año.

Por Patricio Fiorentino

En su tercer año de gestión y antes de meterse de lleno en la campaña en busca de la reelección, Mauricio Macri profundizó tres aristas de su modelo de gobierno que quedarán para siempre como la huella de su paso por la Casa Rosada: el endeudamiento externo, que sirvió para financiar la bicicleta financiera y una histórica fuga de capitales; la devaluación del peso, que licuó el poder de compra de los trabajadores y le abarató el salario a las grandes empresas; y el endurecimiento del sistema represivo, para contener a fuerza de plomo a una calle cada vez más caliente.

Durante 2018 pasaron cosas. Luego que el mercado le soltara la mano, el gobierno de Cambiemos recurrió al Fondo Monetario Internacional (FMI) para calmar la corrida cambiaria y hacerse de financiamiento. Luego de una renegociación del acuerdo, que elevaba el salvataje a más de 57.000 millones de dólares, de los cuales el Gobierno podrá disponer de casi su totalidad antes de las elecciones del año próximo, fue el alivio para quienes solo saben apostar a la timba financiera.

El Gobierno lo negoció a cambio de un ajuste brutal, que se vio plasmado en el presupuesto 2019 que sancionó un militarizado Congreso, y por políticas económicas recesivas, que ya se siente en los bolsillos de los argentinos.

Dentro de la región, según datos del Banco Mundial, que tituló a su informe “De la incertidumbre conocida a los cisnes negros”, Argentina ya es el país con mayor deuda pública en función del tamaño de su economía, ya que la misma ascendió del 52% al 80% del PBI en los últimos tres años, pero que llegaría al 93% al finalizar 2018, por el último desembolso pactado con el organismo que dirige Christine Lagarde.

Solo en el último año, según datos de la Secretaría de Finanzas, la deuda pública a junio de 2018 totalizaba, sin contar los posteriores desembolsos del FMI, 327.167 millones de dólares, un 36% más que en diciembre de 2015, cuando Cambiemos puso sus pies en Casa Rosada.

La fuga de capitales, todos esos dólares que salen del sistema bancario hacia el exterior o al colchón de los argentinos, y que solo se pueden generar con exportaciones o pidiendo prestado, llegó a 25.959 millones de dólares en 2018 y marcó un triste récord histórico.

REMATE AL BOLSILLO. La alta inflación, que este año se estima en 47% y también será un nuevo record en la aventura macrista por la Casa Rosada, le regalaría otro logro de gestión que se podrá anotar el ex jefe de Gobierno porteño: la caída del salario real. Un relevamiento de la consultora Invenómica sobre los asalariados del sector privado arrojó que se licuaría su poder adquisitivo alrededor del 11%, la más elevada desde 2002, cuando la contracción de sus ingresos fue de 25,4%.

“Los que tenemos que hacer es bajar los costos. Y los salarios son un costo más”, decía Macri en 1999, justo antes de dar el salto a la política. A eso vino y eso logró: abratarle el sueldo de los argentinos no a las Pymes, que facturan y operan en pesos, sino a las grandes multinacionales, que ahora pueden cubrir su nómina de salarios con la mitad de los dólares que necesitaban el año pasado.

La devaluación pegó en la inflación y la inflación pegó en las casas. La ya utópica meta de la pobreza cero, slogan de campaña que el macrismo sostuvo hasta donde pudo, lejos estará de cumplirse en 2018. Luego de la festejada caída de este indicador en marzo pasado, cuando el Indec informó que el 25,7%, era pobre, y tras un leve aumento que la llevó al 27,3%, el índice de pobreza alcanzaría entre el 32 y 33% de la sociedad al finalizar el año, según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica (UCA).

META BALA. Aunque hoy las encuestas muestran que entre las principales preocupaciones de los argentinos, tanto en el presente como de cara al futuro, se ubican temas de la economía, como la inflación y el miedo al desempleo, desde el Gobierno se intenta instalar, de la mano de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, un escenario de inseguridad, que tomó dinamismo luego del show militarizado que dejó el G20 y la publicación de una atemorizante medida por parte de la funcionaria.

Con la firma de Bullrich, la resolución 956/2018 habilita a las fuerzas de seguridad a disparar un arma de fuego contra un delincuente o sospechoso por la espalda y sin dar la voz de alto, con el solo entendimiento que corre peligro la vida del propio oficial o de un tercero. Es una clara oficialización del gatillo fácil y de la doctrina Chocobar, que ya se cobró cientos de vidas inocentes.

Desde 1983 hasta 2017 las fuerzas de seguridad del Estado asesinaron, a nivel nacional, a 5.462 personas, un promedio de 160 asesinatos por año, según el Archivo de Casos de Personas Asesinadas por el Aparato Represivo Estatal de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi). Durante solo los dos primeros años de la gestión de Cambiemos las fuerzas estatales mataron a 725, más que duplicando al promedio.

Compartí este post: