Abortar la idea de la segunda mamá

Por Mariana Angerosa

Según las estadísticas de Aprender 2016, tres de cada cuatro docentes son mujeres. La cantidad de varones aumenta en los niveles medios y superiores y también en los cargos directivos. La franja etaria de las y los docentes, en su mayoría, va de los 26 a los 46 años.

La ligazón de la maestra a la figura de “segunda madre” es parte de un sistema perverso que juega con la subjetividad de quienes trabajamos en educación: somos las segundas mamás, somos “como” una madre y no la otra mamá. Tenemos una voz autorizada siempre y cuando nuestro trabajo y nuestros intereses no vayan en desmedro de una tarea educativa asociada a la crianza. Pero no somos las mamás y de esta manera se estigmatiza el paro docente cuando decimos, parafraseando a Silvia Federici, “eso que llaman amor -o vocación-, es trabajo no remunerado”.

Desde el año pasado, con los paros internacionales de mujeres, muchas docentes pudimos resignificar el paro. No sólo paramos por una mejora salarial, paramos para mostrar nuestra segunda jornada laboral en las escuelas y en las casas. Y también, como les sucede a quienes son madres o tienen a cargo adultos mayores o familiares, una doble jornada de crianza producto de estos mandatos.

Por esto, que quieran atacar el sistema de licencias docentes aduciendo a un “ausentismo crónico” sin pensar con perspectiva de género la problemática, en vez de ampliar las licencias, en todas las ramas laborales, o que haya políticas públicas para las redes de cuidado, tiene una raíz económica patriarcal.

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