De Bolsonaro para el mundo

El ultraderechista, además de la amenaza de persecusión interna, apuesta a un alineamiento con Estados Unidos e Israel. Ningunea al Mercosur y deberá buscar un equilibrio con el poderío chino.

Por Martín Caballero

Desde el 1 de enero de 2019 Brasil se convertirá en el laboratorio más importante de las fuerzas reaccionarias en América Latina. El triunfo de Jair Bolsonaro ha sido contundente y las políticas que anuncia muestran la determinación de barrer con las bases políticas, sociales e internacionales construidas en las últimas décadas.

Sergio Moro, juez responsable del Lava Jato, investigación por la que encarceló a Lula Da Silva sin probadas evidencias, ha aceptado ser el futuro ministro de Justicia con el fin de “consolidar los avances de la lucha contra el crimen y la corrupción de los últimos años y alejar los riesgos de un retroceso por el bien mayor”. En la práctica, esto significa llevar a fondo la guerra contra el Partido de los Trabajadores (PT) que desató desde su juzgado.

Para ello contará con un superministerio, producto de la fusión entre Justicia y Seguridad, a lo que además se sumarán las funciones de la Secretaría de Transparencia y Combate a la Corrupción, Asuntos Internos y el Consejo de Control de Actividades Financieras. De esta manera, el juez de 43 años formado en los Estados Unidos tendrá a su cargo, entre otras cosas, la Policía Federal de Brasil, encargada de investigar el financiamiento y la difusión de fake news durante la campaña del futuro presidente.

Otro de los súper ministros del futuro gobierno será Pablo Guedes, doctorado de la Universidad de Chicago y colaborador de Ministerio de Hacienda de Augusto Pinochet en la dictadura chilena. Ocupará el Ministerio de Hacienda, que absorberá las carteras de Planificación, Industria y Comercio Exterior. Guedes ha reconocido que los principales problemas de la economía brasilera son domésticos y responden a la abultada deuda externa, que propone sanear en parte con privatización, y su déficit fiscal, por lo que culpa principalmente al sistema previsional que representa más de 10 puntos del PBI brasilero.

Sin embargo, ha llamado la atención de la prensa por otras razones: dijo que las relaciones con el Mercosur “no son prioritarias”. Si bien relativizó sus dichos y afirmó no desmerecer el bloque regional ni a la Argentina, el futuro funcionario sostuvo que Brasil debe “comerciar con todo el mundo”. Para la futura política de comercio exterior el bloque fundado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay es una “prisión cognitiva”, en palabras del futuro ministro, e impide comerciar unilateralmente con otros países.

Fue Onix Lorenzoni, futuro jefe de Gabinete, quien declaró que los primeros viajes que realizará Bolsonaro serán a Chile, Estados Unidos e Israel, rompiendo la tradición entre las principales economías del Mercosur. Este itinerario profundiza el viraje de política internacional que se produce luego del golpe de Estado a Dilma Rousseff. La crítica sobre el Mercosur y la mirada sobre el pacífico son buenos gestos para el gobierno norteamericano, que además recibía con satisfacción las amenazas de Bolsonaro de sacar a Brasil del Acuerdo de París sobre el clima, hoy relativizadas.

Luego de hablar con el presidente electo, Donald Trump twitteó: "¡Acordamos que Brasil y Estados Unidos trabajarán estrechamente en comercio, defensa y todo lo demás! Excelente conversación telefónica, ¡lo felicité!”. Comercio, defensa y todo lo demás.

En relación a la cooperación en defensa, Eduardo Bolsonaro, hijo de Jair y diputado electo de Brasil, sostuvo una mirada sobre Venezuela, en sintonía con la Casa Rosada, al reconocer que “todos quieren evitar una solución militar” pero que ese escenario “no se descarta”. Mayor relevancia cobran los ejercicios militares realizados por el ejército brasilero en conjunto con las fuerzas norteamericanas durante el año pasado en el Amazonas. Las hipótesis de conflicto eran migraciones ilegales, crisis humanitarias, lucha contra el narcotráfico y mediaciones de paz.

Pero el fortalecimiento del eje norteamericano en Brasil (y Latinoamérica) no sólo encuentra resistencia en los partidos y manifestaciones antiimperialistas. China, además de ser el principal mercado de las exportaciones cariocas, es uno de los principales inversores en el país (y la región). Bolsonaro, quien en campaña atacó y acusó al gigante asiático de querer “comprar Brasil”, deberá manejar la tensión entre su interés de alinearse bajo el paraguas de Trump y la necesidad de sostener una relación comercial que le proporciona unos 20.000 millones de dólares de superávit.

Ya en febrero Bolsonaro encendió una alarma al visitar Taiwán, una isla enfrentada con el gobierno chino en un conflicto de larga data.

Hoy, a días de tomar el poder, tendrá que aplicar algo de cautela a su vínculo con relación Beijing, sus lineamientos con Israel y los Estados Unidos y su liderazgo económico en la región. Mientras intenta realizar, puertas adentro, una transformación del país a través de la combinación entre mecanismos judiciales de persecución y un ajuste económico ideado en el norte.

Compartí este post: