[Editorial] ¿Dónde está?

Publicada en [R]umbo N°22

Hace más de un mes que no sabemos dónde está Santiago Maldonado. Hace más de un mes que está desaparecido. El 1 de agosto, en un corte de la Ruta Nacional 40 en Esquel, provincia de Chubut, Gendarmería Nacional aplicó una feroz represión contra la comunidad mapuche Pu Lof bajo las órdenes directas del Ministerio de Seguridad de la Nación. Los mapuches que se encontraban en el lugar tuvieron que huir de las balas de los gendarmes. Contaron que Santiago, que acompañaba la lucha del Pu Lof de Resistencia-Cushamen, no pudo escapar. Fue golpeado y cargado en una camioneta blanca. Todavía seguimos sin saber dónde está.

Ante esta grave situación, los funcionarios judiciales, responsables de la investigación de la desaparición forzada de Santiago, huyen al esclarecimiento de los hechos y se niegan a dar respuestas. Por su parte, los medios de comunicación hegemónicos acompañan esta posición al construir y difundir versiones inverosímiles de lo que allí ocurrió. Muchas de ellas, alentadas desde el propio Gobierno de Mauricio Macri a través del Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich y su mano derecha, Pablo Noceti, uno de los apuntados como posible líder del operativo represivo contra el piquete mapuche.

Mientras Santiago está desaparecido, Facundo Jones Huala sigue preso en una causa en la que ya fue juzgado y Milagro Sala, tras más de 500 días detenida, todavía espera su absolución definitiva en prisión domiciliaria, que le fue concedida de manera tardía e irregular. Y en la era Cambiemos también volvimos a escuchar a funcionarios públicos hablar de “guerra sucia” para referirse a la etapa más sombría y sangrienta de nuestra historia, se demoraron los juicios por delitos de lesa humanidad, se propició el dos por uno a genocidas y muchos represores abandonaron las cárceles para terminar la condena en la comodidad de sus casas por ser mayores de 70 años y tener problemas de salud.

No son hechos aislados. Son parte de un mismo entramado que revela un enorme retroceso en materia de Derechos Humanos y que va de la mano de un proyecto económico y político que lejos se encuentra de expresar los intereses populares. Frente a cualquier reacción de los sectores afectados por sus políticas, el Gobierno responde con represión y estrategias que quebrantan nuestros derechos.

Pese a esto, en las primarias del pasado 13 de agosto quedó demostrado que Cambiemos todavía mantiene un alto grado de legitimidad. ¿Contó con el apoyo de los grandes grupos de medios? Sí. Pero no podemos reducir el triunfo del oficialismo en gran parte del país a una única causa. Y menos subestimarlo como fenómeno y expresión política.

El Gobierno encarna una fuerza de derecha con voluntad de clausurar el proceso anterior, que demostró ser capaz de articular nuevas y viejas demandas emergentes de los distintos sectores de la sociedad argentina y de construir un discurso que se desliga del malestar económico-social existente, aunque este sea producto de sus políticas de ajuste.

No lograrán callarnos. Hace más de un mes que no sabemos dónde está Santiago. Hace más de un mes que está desaparecido. Y el Estado, principal responsable de velar por la vida de cada uno de nosotros, no da respuestas ni soluciones concretas. Aunque los principales canales de televisión no lo hayan mostrado, el primero de septiembre fuimos miles en todo el país. Saldremos las veces que sea necesario. No estamos dispuestos a bajar los brazos ni tampoco a parar de preguntarnos: ¿Dónde está Santiago Maldonado?

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