[Editorial] El País del Futuro

Publicada en [R]umbo N°26

Aún en los momentos más difíciles, en las situaciones más complicadas, en las adversidades más profundas hay luchas y victorias que permiten imaginar que la cosa pueda cambiar. El movimiento de mujeres en Argentina le está dando a toda la sociedad un mensaje de esperanza y una demostración contundente de que es posible, aún en un contexto desfavorable, construir nuevos imaginarios de libertad, igualdad y de felicidad.

Si se leen entre líneas las acciones del Gobierno en estos primeros meses del año y el discurso de Mauricio Macri en el inicio de sesiones del Congreso es posible ver el camino elegido: hacer poco y gradualmente para llegar sin conflictos a la disputa por la reelección. El escarmiento que recibió en diciembre le hizo darse cuenta que no hay margen en la sociedad para reformas que tengan por objetivo la pérdida de derechos adquiridos. No hay fortaleza ni apoyo suficiente para las medidas de fondo que exige el empresariado. Por eso, en los últimos días, el sector manifestó su enojo y fastidio.

Lo que continúa es el lento y silencioso camino de una política económica que profundiza la precariedad y el empobrecimiento de la mayoría de la sociedad. Porque la inflación crece y la presión porque se firmen paritarias por debajo de lo proyectado también; porque los aumentos de tarifas de servicios y transporte subirán entre un 50 y un 100 por ciento; porque los despidos por goteo no se detienen; porque las importaciones y la baja del consumo están matando a las pymes y a los pequeños comerciantes; porque las economías regionales no pueden dar respuesta a los costos de comercialización; y porque no hay proyecto productivo para el país.

La llegada de la presidenta del FMI al país, después de más de diez años sin visitarnos, es un gesto indispensable para el Gobierno. Un modelo que se sostiene a partir del endeudamiento necesita hacer buenas migas con quienes operan en el mercado mundial de las finanzas. Argentina no puede perder el acceso al crédito porque entraría rápidamente en una profunda crisis: es el país emergente que más se endeudo en los últimos dos años. Sin respuestas a la vista, lo que está claro es que hay una bomba de tiempo pronta a estallar.

Para el oficialismo es posible mantener la calma porque no se observan amenazas en el campo opositor. El esquema de (mal) orden de la economía y de iniciativa en lo político parece alcanzarle al Gobierno para sostener cierta estabilidad. Las respuestas políticas en la oposición son aún limitadas, sin creatividad y sin audacia.

No pudimos todavía hilvanar muestras de vitalidad que asusten, como sí lo hicimos en el campo social y sindical. La heterogénea articulación que se viene dando en las calles tiene una potencia formidable, esa que no le permite al Gobierno llevar adelante las medidas que piden los empresarios.

El desafío es poder arriesgar. Tendremos que ser audaces o el escenario será complicado. Las viejas recetas ya no sirven en una sociedad que es distinta, que tiene nuevos problemas, anhelos y necesidades. Los formatos políticos del siglo XX no van a resolver los dilemas del siglo XXI. No es la unidad por la unidad, no es la suma de dirigentes, ni es alabancia a liderazgos lo que nos va a permitir construir una alternativa. Tal vez haya que buscar en la creación de plataformas donde se puedan expresar y potenciar las luchas que se vienen dando, que se desborden, y que sean imparables, como el movimiento de mujeres, que llegó para cambiarlo todo y nadie tiene dudas que lo logrará.

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