[Editorial] Hablemos de mafias

Publicada en [R]umbo N°23

La escena de Juan Pablo “Pata” Medina en el balcón de la seccional La Plata de la UOCRA arengando a sus afilados y llamando a prender fuego la ciudad si era detenido pareció el fragmento de una serie de Netflix. Ni para película dio. Para lo que seguro sirvió es para alimentar el discurso oficialista de “combate contra las mafias”. Funcionarios y medios adeptos al Gobierno se montaron al caso para promocionar la decisión política de dar esta lucha contra el delito organizado. Pero repasemos cómo vienen de papeles para semejante afirmación.

Medina es el secretario general de una seccional de la UOCRA, enemistado con la conducción nacional de su organización y alejado del resto de los gremios. Es marginal e insignificante en el mundo sindical. Su preocupación son sus negocios en La Plata, por los que sin dudas debe dar cuenta ante la justicia. A una escala muy superior, muchos dirigentes gremiales reproducen la misma lógica que Medina. Sindicalistas millonarios, con empresas importantes, a veces a su nombre y muchas otras a nombre de testaferros, como denunció la hija del fallecido Gerónimo “Momo” Venegas, el único jefe sindical que mostró abiertamente su macrismo hasta el último día de su vida.

La defensa a los tiros del dueño de La Salada cuando fueron a detenerlo a su casa no habla de un empresario de bien, sujeto a las normas y la ley. De que el administrador de la mayor feria de Argentina, radical y aportante a la campaña de Martín Lousteau está flojo de papeles no hay dudas. Que sea el único empresario que lo está hay menos todavía. Los negocios hechos por el empresariado argentino por fuera de la ley son innumerables. Por ejemplo, en el mundo de las empresas contratistas del Estado, con el cual creció la familia Macri, no hay posibilidades de prosperar sin usar el manual del apriete, la coima y la extorsión. Lo era antes y lo es ahora.

La operación de blanqueo de capitales es tal vez la mejor articulación para la realización de un negocio reñido con la ley. El Presidente mandó una ley al Congreso que lo tiene a él mismo entre los mayores beneficiados, a través de testaferros. Lo siguen su familia y sus amigos. Cuando la operatoria fue expuesta por medios opositores, el Gobierno comenzó una persecución contra los periodistas y los dueños de esos medios, que culminó con despidos de trabajadores de prensa y el sorpresivo avance en la justicia de causas penales con los propietarios de las empresas de medios que revelaron la maniobra. Posgrado en operatoria mafiosa.

Podríamos seguir enumerando las grandes mafias que operan en la Argentina y lo siguen haciendo sin problemas. Las empresas “legales” que operan con lógicas mafiosas y los entramados ilegales como el narcotráfico, la trata y el contrabando, siguen funcionando sobre las mismas lógicas de siempre. Esas son las grandes mafias de la Argentina. Porque para ser una mafia hay que tener capacidad de articular sobre la legalidad, sobre los tres poderes del Estado y sobre el dispositivo mediático.

Las mafias se insertan y operan sobre diversos factores de poder. Derribarlas supone terminar con una parte de cada uno de esos estamentos. Este Gobierno no parece estar dispuesto a hacerlo. Nadie opera contra sus propios intereses.

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