[Editorial] La disputa por la memoria

Publicada en [R]umbo N°28

En un mensaje frío y breve, Mauricio Macri pronunció las tres letras que marcaron a sangre y fuego las últimas décadas de la política económica Argentina: FMI. Austero en sus fundamentos, solo se limitó a comunicar la decisión de iniciar negociaciones con el organismo internacional. Usar el verbo negociar supone cierta noción de intercambio, de esfuerzos mutuos, contrapuntos y síntesis. Lejos estamos de eso. Por el contrario, una vez más, la derecha criolla decide poner al país en la guillotina del imbatible verdugo financiero.

Cuando se pronuncian estas tres letras malditas, es inevitable que el imaginario colectivo no las asocie rápidamente con palabras como: ajuste, crisis, deuda, despidos, recesión. Todavía el marketing político no hace milagros. Por ahora, las usinas de comunicación y opinión pública del mundo PRO, comandadas por el teñido, no lograron cambiar el sentido negativo que despierta en las mentes y corazones de nuestro pueblo volver al fondo.

Cambiemos no está en sus mejores días. Las discusiones en su interior no giraron solo en torno a debatir cómo se comunica lo desagradable, sino principalmente si había que hacerlo o no. Comunicar o no comunicar, esa es la cuestión. Mientras tanto, Carrió exhortaba, desde el sillón de su casa, a salir a hacer política, hablar de frente a la sociedad y matar a la doctrina duranbarbista. Conocedora de crisis políticas, sabía que el relato de un FMI más bueno no ganaba adeptos, ni siquiera entre los opositores más dialoguistas.

La vuelta del ala política en la coalición oficialista es, en cierto punto, la expresión del retroceso de las imágenes de felicidad que con globos y mucha buena onda que agitaba la ceocracia. Sin embargo, conviene no subestimar la capacidad que pueda tener el aparato comunicacional y mediático de Cambiemos. Esto es así, sencillamente, porque nunca se puede ignorar la habilidad del neoliberalismo para transformar a las víctimas en victimarios.

La socióloga Elizabeth Jein sostiene que el neoliberalismo pretende confeccionar una nueva memoria oficial, en la cual se vuelva a cohesionar una suerte de pensamiento único que reinterpreta frívolamente la historia reciente como una mala excepción a la normalidad. Por otra parte, la politóloga Pilar Calveiro plantea que, según como se articulen las memorias del pasado con los desafíos del presente, pueden ser resistentes o funcionales al poder.

Es en este marco es que las organizaciones populares vamos a una lucha política, abierta y sin fronteras, con el Gobierno por la memoria. Saben que la batalla cultural por instalar la idea de un FMI humanista está perdida, pero también saben que la batalla para determinar quiénes van a ser los responsables de las penurias que se vienen, está en disputa. Lo más probable es que se recrudezcan los discursos xenófobos, de criminalización de la protesta social y de la vuelta al pasado.

Choriplaneros, zurdos, piquiteros, peronchos, vagos, negros de mierda. Vamos a volver hacer el chivo expiatorio del crimen neoliberal. Por eso, desde el campo popular tenemos un desafío doble: proteger la memoria histórica pero, por sobre todo, construir un nuevo proyecto que sea capaz de enamorar a las mayorías populares y de disputar las interpretaciones del pasado para ganar el futuro.

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