El agronegocio, la falsa solución al hambre en el mundo

Escudados en el crecimiento poblacional, las transnacionales justifican la necesidad de incorporar más genética y más insumos tóxicos en vistas a una presunta mayor productividad. Pero los hechos y las estadísticas muestran otra realidad.

Por Nicolás Forlani

Publicada en [R]umbo N°24

Fomentado por las corporaciones productoras y comercializadoras del paquete tecnológico de los transgénicos -siembra directa; insumos tóxicos; semillas modificadas genéticamente-; respaldado por ámbitos científicos y mediáticos consecuentes con el origen de sus recursos presupuestarios –la renta extraordinaria del agroy trasvasado por las lógicas globales del sistema financiero -comoditización de las materias primas-: el agronegocio se presenta a sí mismo como la solución nutricional frente al inexorable crecimiento poblacional de los años venideros.

La importancia de reflexionar sobre esta lógica extractiva desde la Argentina, en general, y desde Córdoba, en particular, deviene por cuanto efectivamente nuestro país se ubica en el podio de los países productores y exportadores de transgénicos. Ocupa el tercer lugar a nivel mundial en cantidad de hectáreas producidas con semillas modificadas genéticamente, con 24,4 millones. Córdoba es, ante este escenario, un caso paradigmático en lo que refiere a la expansión de la soja. Es decir, la geografía nos interpela: ¿Por qué el agro como negocio podrá resolver la tragedia del hambre en el mundo mañana si hoy no es capaz de hacerlo, habiendo transcurrido ya varios años en su expansión global?

Tres claves permiten desenmascarar a esta falacia extractiva y contaminante:

1) Dos tercios de la población mundial padece problemáticas nutricionales. La mitad de ellos por carencia –déficit- nutricional; la otra por exceso y mala alimentación –obesidad-. El problema en la actualidad no es por productividad y disponibilidad de alimentos, sino de distribución. De allí el interrogante: ¿Puede -mejor aún, desea- esta lógica de producción y comercialización, en la que apenas un número reducido de empresas controlan el comercio mundial, resolver esta problemática? La repuesta roza el Perogrullo. El hambre en el planeta no es para las multinacionales del agronegocio y sus circuitos financieros un problema, más bien lo contrario: se trata de un “mal” económicamente redituable -la demanda de alimento es inelástica, ergo, una variación/aumento de los precios no tiene un correlato en la merma de su demandae ideológicamente útil, porque “el hambre en el mundo” constituye el principal slogan bajo el cual las transnacionales justifican la necesidad de incorporar más genética y más insumos tóxicos en vistas a una presunta mayor productividad.

2) El cambio climático es, tal vez, el síntoma más complejo y elocuente de la crisis civilizatoria a la que nos conduce la incesante voracidad de acumulación del capital. La lógica del agronegocio es corresponsable directa de las emisiones de gases de efecto invernadero, no sólo porque el avance de la frontera agronómica se produce en desmedro de los ecosistemas –bosques- únicos con capacidad de absorción de dióxido de carbono, sino porque este sistema imperante de agricultura se desenvuelve en base a las energías no renovables, tanto para su producción -fertilizantes en base a derivados de hidrocarburos- como para su producción –maquinarias- y comercialización -normes distancias median entre la producción y la comercialización de las materias primas-.

Como si ello fuese menor, la variante energética proclamada e impulsada desde el entramado mismo del modelo son los agrocombustibles, combustibles elaborados en base a alimentos, que son la contradicción evidente en la mentada propuesta de los promotores del agronegocio en autoproclamarse como los garantes de alimentos en el escenario global actual y venidero.

3) En estricta relación con el punto anterior, la expansión de esta lógica depredadora -hablamos de lógica porque no nos referimos a un cultivo ni herbicida en particular, sino a un modo y relaciones de producción- no hace más que confirmar la tesis del ecosocialista James O´Connor, por cuanto la dinámica de este modelo culmina degradando sus propias fuentes o factores de producción. Si, por un lado, la naturaleza contaminante del agronegocio conlleva la proliferación de enfermedades y muertes humanas –y, en general, de una biodiversidad de especias animales, vegetales y microorganismos claves para la existencia de la vida en el planeta-, por el otro socaba la fertilidad misma de la madre tierra.

Es decir, aún prescindiendo -tan sólo cínicamente- de las mal denominadas “externalidades” sanitarias del modelo, esta lógica de producción extractiva es inviable, inclusive, en su reproducción, por cuanto destruye aquello que es capaz de darle sostenibilidad: el suelo.

Bajo estos argumentos y otros que continuaremos exponiendo, Seamos Libres Córdoba fundamenta la necesidad de articular con las luchas socioambientales que se desarrollan en los distintos territorios del país y en Latinoamérica en su conjunto. De allí nuestra participación en espacios como la Asamblea Río Cuarto Sin Agrotóxicos, colectivo que desde hace años denuncia los impactos negativos del agronegocio en la región y promueve la agroecología como alternativa superadora al modelo en cuestión.

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