El feminismo somos todas

Casi 70 mil mujeres asistieron al encuentro en Resistencia, Chaco, en una muestra más del avance de la organización feminista. Allí se profundizó una agenda que no se limita al reconocimiento, sino que avanza sobre la redistribución de justicia.

Por Ayelén Dománico y Florencia Moragas

Publicada en [R]umbo N°24

A media mañana, cuando el sol chaqueño empezaba a dejarse ver, cerraba la lectura del documento que daba la bienvenida a las casi 70 mil mujeres de todo el país que asistimos al 32° Encuentro Nacional de Mujeres (ENM). “Estamos resistiendo en la región más postergada del país. Aquí luchan las trabajadoras, las campesinas, las mujeres de los pueblos originarios cuyos ancestros han sobrevivido a las campañas genocidas, las estudiantes, las desocupadas, las amas de casa, las sindicalistas, las feministas, las víctimas de femicidio, sus familiares y todas las víctimas de la justicia machista, las mujeres trans, lesbianas, bisexuales, la diversidad sexual. Luchan las mujeres en situación de encierro, las de organizaciones sociales y políticas, las de agrupaciones estudiantiles, las de organizaciones de derechos humanos y barriales. Luchan las mujeres migrantes, las mujeres afrodescendientes, las hacedoras culturales, las de agrupaciones por el derecho a la tierra y la vivienda, y todas las otras luchas que nos hermanan”, sentenció la comisión organizadora.

Este ENM estuvo marcado por la política represiva de un gobierno neoliberal, como el de Cambiemos, que emplea la fuerza para disciplinar y resguardar intereses foráneos. Así, mujeres de distintas comunidades originarias participaron masivamente de los 71 talleres, planteando la violencia institucional, evidenciada en su máxima expresión por la desaparición de Santiago Maldonado en territorio mapuche y el encarcelamiento de Milagro Sala como presa política, sino también cuestionando la falta de acceso a la tierra, el saqueo de los recursos naturales, el modelo agroexportador dominado por el monocultivo. Pero también se enjuició a la justicia patriarcal que opera como soporte de la persecución política, afectando el derecho a manifestarnos, el derecho acceder a abortos legales, entre muchas otras causas que recaen sobre sus espaldas, como el femicidio de Micaela García.

La política represiva desplegada por Cambiemos no sólo se da por el uso de los recursos del Estado sino también por una disputa discursiva, que intenta instalar que la solución a la violencia de género debe ser por la vía penal. Es decir, menos derecho y mayores penas. Esta política alcanzó su ápice máximo en la razzia policial que siguió al Paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo y hoy nos anoticia el protocolo para reprimir a las personas LGBTTQ sancionado por el mismí- simo Ministerio de Seguridad. Esta fórmula del disciplinamiento que busca dominar a las mujeres y el movimiento LGBTTQ es histórica. A su pesar, año a año el feminismo crece.

Somos un actor social que avanza, conquista, denuncia y presiona. Que teje redes por doquier y en Encuentro Nacional de Mujeres cuestión de minutos se organiza para defender a compañeras y consignas. No nos maternamos, somos sororas en la cotidiana lucha. Ante el castigo social, político y económico que teme perder sus estructuras de poder, contamos con una organización cada vez más puntillosa y más estrategias colectivas de cuidado, para disputar poder real.

A viva voz decimos que vivas y libres nos queremos. Un grito que surge con la sanción de la ley nacional de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en todos los ámbitos en los que desarrollan sus relaciones interpersonales, donde ganamos en el reconocimiento y visibilización de las violencias contra las mujeres, lesbianas, trans y travestis.

El feminismo organizado bajo lógicas creativas y propias de construcción política muestra la potencia y los ecos que genera un feminismo popular, antineoliberal y antirrepresivo, que no duda en transformar el dolor y la bronca que nos produce cada una de las pérdidas en lucha en mayores niveles de organización y sororidad. Así, de una agenda marcada por la necesidad de reconocimiento hoy avanzamos hacia un feminismo que exige la redistribución real de justicia, porque sabemos que no alcanza con nombrar.

La lucha no es sólo discursiva, también es política y económica, es colectiva y pública, es global contra un sistema económico y productivo que tiene como base la división sexual del trabajo y de clase. El feminismo potencia las luchas, por eso el año que viene el pogo más grande del mundo caminará por Chubut, en solidaridad con los pueblos originarios y las compañeras que resisten desde una Patagonia adversa.

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