El feminismo tiene 2019 y lo quiere con otro Estado

El Encuentro Nacional de Mujeres dejó otra muestra de unidad y la lucha por una agenda que incorpore un enfoque de género en la economía, la salud, el trabajo y todo el funcionamiento de la sociedad.

Por Marina Cardelli

El 33° Encuentro Nacional de Mujeres en Trelew demostró que no hay proyecto de país sin el feminismo. Más de 50.000 mujeres, lesbianas, trans y travestis de todo el país nos congregamos en Chubut para encontrarnos, compartir debates, experiencias, dolores y victorias que cada una de nosotras tiene en el cuerpo después de un año que cambió a la Argentina para siempre. Quizás en otros encuentros teníamos la esperanza de que nuestras luchas iban a llegar lejos. Esta vez nos mirábamos a los ojos y lo que veíamos eran certezas: la ciudad nos abrazó, nos saludó desde las ventanas y las puertas en la movilización más grande que tuvo en su historia, porque la semilla irreverente ya está plantada. Para las feministas hay 2019.

En 2018 el movimiento feminista fue irreverente con las estructuras políticas tradicionales, irreverente con la democracia representativa, irreverente con la doble moral y el Estado cómplice. Perdimos la votación definitiva por el aborto legal en el Senado, pero ganamos la media sanción en Diputados y el debate social en dos sentidos que no tienen vuelta atrás: cómo pensar la democracia y cómo pensar el rol de las mujeres y las disidencias en la sociedad.

Sabemos que el ajuste y la recesión golpean con más fuerza sobre las mujeres, lesbianas, trans y travestis y mucho más si son pobres. Sabemos que un gobierno que empobrece, vacía hospitales y despide trabajadores lo hace a costa del trabajo gratuito y la sobre explotación de las mujeres. Por eso el movimiento feminista tiene una tarea que asumir en la construcción de una oposición política. Está obligado a aportar a la construcción unitaria de un frente antineoliberal, que pueda sacar a Cambiemos del gobierno el año que viene. Ya no es tan sólo un sector de la política que se ocupa de sus propias reivindicaciones. Aprendimos que ningún proyecto de país se puede pensar sin nosotras adentro y que las elecciones son la oportunidad para salir a decir qué esperamos de una oposición que esté a la altura de la época.

Por todo esto, La Oleada Feminista fue a Trelew a proponer cinco puntos para una Argentina feminista y disidente:

- Para feminizar la política: democracia feminista. La forma de hacer política de las feministas trazó unidades donde no las había. Puso el énfasis en el cuerpo y el protagonismo, por sobre un modelo de democracia que solamente se hace escuchar cada dos años. Demostramos que la verdadera democracia no pide permiso, por eso no les preguntamos a las estructuras de conducción de partidos y sindicatos llenas de varones cuándo nos iban a dar el espacio o el tiempo, simplemente tomamos las calles, llamamos a los paros, y levantamos la voz. Necesitamos una política en la que las emociones tengan lugar; en la que las tareas de cuidado sean asumidas colectivamente y no prime la división sexual del trabajo político; queremos una política que no tenga la forma y la medida de las masculinidades hegemónicas. Queremos que exista un Ministerio de las Feminidades y Disidencias que tenga la tarea de repensar toda la estructura del Estado a la luz de la perspectiva de género.

- Por sexualidades libres y maternidades elegidas: educación sexual y aborto legal. Para poder ejercer nuestra sexualidad de forma libre y segura necesitamos conocer nuestros cuerpos y nuestros derechos. Saber que la maternidad es un proyecto de vida posible entre muchos otros, que la sexualidad no está atada a una función reproductiva. Para eso necesitamos el real cumplimiento de la ley de Educación Sexual Integral (ESI) y que el Estado financie promotoras de ESI en todo el país. Para eso necesitamos, de una vez por todas, la sanción del aborto legal, seguro y gratuito, acompañada de la producción pública de misoprostol.

- Por una salud preventiva, integral, diversa: salud feminista. La salud feminista implica que se nos atienda y reconozca según nuestras condiciones reales de vida. Las políticas públicas en salud deben incorporar la perspectiva de género para una atención integral, que no busque enfermedades en pacientes anónimos, sino que considere los ambientes en los cuales sujetos reales pueden prevenir enfermedades y mejorar sus condiciones de salud físicas, psicológicas y emocionales. Por eso vamos por una atención integral de salud para personas trans y para todos aquellos sectores a quienes la falta de acceso a derechos condena a una vida de padecimientos y precariedades.

- Para una vida libre de violencias: un Estado que llegue a tiempo. La sanción de la Ley de Protección Integral para Prevención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres junto con las movilizaciones de #NiUnaMenos han visibilizado la violencia machista. Sin embargo, el Estado no da respuestas integrales ante la violencia. En la mayoría de los casos llega tarde, o es uno de los engranajes que garantiza que la violencia se sostenga. Por eso queremos un registro nacional unificado de casos de violencia machista, promotoras en prevención de las violencias para todo el país y real cumplimiento de la ley 26.485.

- Por una economía igualitaria y transformadora: economía feminista. Pensar la economía desde una perspectiva feminista significa que haya políticas de Estado que muestren y contrarresten las desigualdades de la división sexual del trabajo, tanto en el plano económico como laboral. Es fundamental que este año se trate y apruebe el cupo laboral trans, que el Estado asuma el rol que le corresponde en los cuidados de quienes lo necesiten, que se igualen las licencias por maternidad, paternidad y adopción y que se terminen las herramientas para garantizar la desigualdad laboral, como los adicionales por presentismo.

Las feministas queremos otro Estado. Otra democracia, otra educación, otra salud y otra economía. Después de la marea verde, seguimos muriendo de a una por día en manos de un varón. La crisis solo logrará que eso se profundice. 2019 tiene que ser un año de feminización de la política, en el que la agenda que nosotras construimos en la calle sea también la agenda de un proyecto de unidad contra el neoliberalismo de Cambiemos.

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