El G20 en modo diablo en el país de la furia

La próxima cumbre del G20 va a ser en una Buenos Aires sitiada. Lxs mandatarixs de los países con las economías más desarrolladas y los “emergentes” se juntan para discutir sobre una agenda política y económica cuyo único objetivo es garantizar que el sistema financiero siga avanzando con más voracidad, profundizando las desigualdades en nuestros pueblos. Ese es el temario propuesto por la mayoría de lxs mandatarixs participantes. De un lado de la valla se planifica cómo relegitimar las reglas del juego de un mundo donde el 1% más rico concentra el 82% de la riqueza global; del otro quienes que queremos un mundo distinto.

Pobreza, desigualdad, exclusión, violencia, desempleo y hambre: problemas que el G20 no va a resolver, más bien profundizar, y que afectan a quiénes a lo largo y ancho del globo sufrimos las consecuencias de un sistema económico que cada vez concentra más riqueza en pocas manos, donde la especulación del mundo financiero está pasando por encima a los modos de producción y trabajo que conocimos hasta hace poco.

El mundo entero naufraga y América Latina también: es un contexto de retroceso para nuestro continente: al triunfo electoral de Trump- que ya lleva casi dos años de gobierno- se suma la victoria de Bolsonaro en Brasil el mes pasado. La avanzada fascista, xenófoba y racista que azota en nuestra región va sumando capítulos como la nueva serie de moda. Y cada vez que eso ocurre Macri se apura para llamar por teléfono y dejar bien en claro que el gobierno argentino está para acompañar. Porque la integración es la clave: lo es para nosotrxs y lo es para ellxs.

Después de destruir los proyectos de integración que nos permitían pensar en una alternativa económica y social para nuestros países, el neoliberalismo sigue reproduciendo la crisis. Fracasan y vuelven a fracasar, en las economías centrales y en las periféricas. Si este modelo de exclusión ha sobrevivido hasta hoy es porque en cada oportunidad fuimos los pueblos los que pagamos las consecuencias y porque en cumbres como la que vamos a vivir la semana que viene pueden construir los consensos para que haya gobiernos como el de Macri que garantizan que no entorpezcamos sus negocios.

La cumbre le permitirá al gobierno mostrarse integrado al mundo, en oposición al supuesto aislamiento del pasado y correr el eje durante días sobre la crisis que sufre nuestro país. Esconden lo que no se puede esconder: que este modelo económico, el mismo que impulsa la hegemonía dentro del G20, lleva a la Argentina al desastre. Pero, sin dudas, el mayor rédito político fue montarse sobre la organización de la cumbre para fortalecer la política represiva y de disciplinamiento del conflicto social. Hace semanas que se denuncian “atentados” y se fomentan discursos estigmatizantes contra lxs migrantes y los movimientos populares. El despliegue de fuerzas de seguridad excesivo, las tareas de inteligencia de dudosa legalidad y una decorosa invitación a la ciudadanía a “abandonar la Ciudad” son parte del menú que propuso la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien busca instalar un clima de terror para justificar una escalada represiva que muestre a los capitales del mundo que en el país hay “gobernabilidad”.

Difícil tapar el sol con las manos. La movilización y la conflictividad social crecen a igual velocidad que el ajuste al cual nos somete el gobierno y el FMI. No hay posibilidad de pasividad frente al saqueo, el hambre y la pobreza a la cual nos están llevando. Por eso vamos a seguir en las calles, las plazas, los lugares de trabajo y las barriadas defendiendo los derechos conquistados. También los movimientos populares y las organizaciones políticas tenemos que asumir el desafío de ser parte de la construcción de la alternativa que derrote a Cambiemos el año que viene. Tenemos ideas, referentes y construcciones colectivas con una enorme potencia transformadora. En este nuevo mundo se modificó la forma de producción y trabajo, aparecieron nuevas demandas y emergieron nuevos movimientos. Cualquier fuerza, frente o coalición política que quiera derrotar a los gobiernos neoliberales no puede prescindir de eso que por abajo se está construyendo hace rato y que ahora, le guste o no a las estructuras políticas tradicionales, crece para arriba.

El próximo 27 de noviembre, los movimientos populares y las organizaciones políticas que creemos que el modelo político y económico del descarte que nos propone este gobierno no va más, nos vemos en el Estadio de Atlanta porque creemos que otra Argentina es posible y en construirla estamos. 

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