El pueblo se levanta, Temer pega y el mercado presiona

Ya son múltiples y masivas las movilizaciones contra el presidente interino, acosado por causas de corrupción y coimas, quien ejecuta un duro plan represivo para frenar las protestas que demandan la elección de un nuevo gobierno.

Por Martín Caballero

Publicada en [R]umbo N°20

Con movilizaciones en todo el país, cientos de miles de brasileros y brasileras se unen bajo la consigna de “Direitas Ja!”. Desde hace meses el pueblo brasileño se está haciendo sentir en las calles. Brasília, Rio de Janeiro y Sao Paulo son los principales bastiones de las protestas con impactantes concentraciones. Las pancartas piden la renuncia del cuestionado Michel Temer, el retiro de sus proyectos de reforma laboral y jubilatoria y el llamado a elecciones anticipadas.

Como toda respuesta, en el Palacio de Planalto han definido reprimir y enfrentar las manifestaciones a fuerza de gases y balas de goma. Decenas de heridos es resultado de la reacción temeraria que, incluso, movilizó al ejército con la excusa de defender el patrimonio público, pero con la intención de mostrar firmeza frente a un pueblo que no parece fácil de disciplinar.

Frentes de movimientos sociales, partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, sindicatos, movimientos campesinos, redes sociales. A través de todo este entramado se organizan las múltiples manifestaciones que no dejan descansar al usurpador en el gobierno. Todos los actores parecen estar de acuerdo: el actual presidente es ilegítimo, atenta contra el pueblo y debe ser reemplazado a través de elecciones directas.

En la cornisa

Michel Temer, paulista de 76 años, es el dirigente con la peor imagen de Brasil y es, también, uno de los más complicados. Desde la publicación de una escucha en la que indica al empresario Joesley Batista que debe seguir pagando coimas para mantener el silencio de Eduardo Cunha, ex aliado en el golpe institucional contra Dilma Rousseff, Temer ve desplomarse todo el ardid que lo llevó al poder sin haber validado su cargo en las urnas. Joesley Batista, uno de los dueños de JBS, el mayor frigorífico del país, desató un terremoto político a través de las grabaciones que presentó dentro del acuerdo de delación con la Procuraduría General de la República. En ellas se encuentran las conversaciones con Temer, Aécio Neves y distintos funcionarios que llevaron a la separación de Neves de su presidencia del PSDB (mientras se lo investiga) y de su cargo como diputado. También cayó bajo arresto el diputado del PMDB Rodrigo Rocha Loures, íntimo colaborador de Temer.

Frente a la contundente evidencia, el Tribunal Supremo Federal ha decidido abrir una investigación sobre el ex compañero de fórmula de Dilma y autorizar a la policía para que lo interrogue por el contenido de las escuchas. Temer, ahora, no sólo debe intentar avanzar con su programa, sino además preparar una defensa lo suficientemente creíble como para no ser eyectado del palacio presidencial.

La conspiración

Hace más de un año, Dilma se alzaba en elecciones presidenciales directas con el 51,64% de los votos. Esto no bastaría para poder conducir un Brasil sumido en una crisis económica y con fuertes acusaciones judiciales hacia los principales partidos del sistema. A la vez, Eduardo Cunha, en ese entonces presidente de la Cámara de Diputados, ya era investigado por coimas en la causa conocida como Lava Jato. La destitución de Dilma comenzó cuando el Partido de los Trabajadores (PT) avaló la investigación que el Consejo de Ética de la Cámara realizaba contra Cunha.

A partir de ese momento, con una mayoría simple construida entre el PMDB y el PSDB, fue sencillo avanzar con un proceso de impeachment que mantuvo en vilo a Latinoamérica. Pero ese mismo golpe contra la democracia se volvería en contra de sus articuladores. La falta de legitimidad del proceso sólo fue surfeada con el apoyo del multimedio O´Globo, de estrecha vinculación con el Poder Judicial y que entrona a los jueces que llevan adelante megacausas contra la corrupción del sistema político.

La gobernabilidad de Brasil no es hoy en día un asunto sencillo. La alianza entre el PMDB y el PSDB enfrenta una tarea titánica. Luego de haber maniobrado con gran habilidad para destituir a Dilma, se encuentran presionados para realizar un ajuste y reformas profundas en tiempo récord, empresa que las vastas movilizaciones callejeras alrededor del país, las investigaciones y detenciones judiciales y la rebeldía de algunos senadores del partido gobernante dificulta.

Rehenes de su propio juego, los dirigentes del PMDB discuten la renuncia o “salida” de un Temer que en cada aparición asegura su voluntad de sostenerse en el cargo que usurpó. Mientras tanto, el PSDB intenta despegarse de los escándalos de corrupción y sostiene que huir del gobierno sería oportunista. Aunque intenta establecer diálogos con el PT y distintos partidos para evaluar un gobierno que asegure las elecciones de 2018.

Salida alternativa

Sin embargo el PMDB y el PSDB comparten un destino atado. O son liquidados por la incapacidad de presentar candidatos, sortear a la justicia o incluso hacer apariciones públicas o logran tejer un nuevo acuerdo para sostener el poder y los fueros. De terminarse el mandato de Temer, sea por renuncia, por impeachment, por causas judiciales o por anulación de la fórmula Rousseff-Temer por el Tribunal Supremo Electoral, la Constitución establece que debiera constituirse un gobierno elegido por el Congreso de Brasil. Dirigentes del PMDB y el PSDB, que cuentan con una mayoría simple en el Senado y gozan de gran cantidad de bancas en la Cámara de Diputados, están convencidos que la candidatura o un posible armado de Nelson Jobim, integrante del PMDB y ex ministro de Lula y Dilma, podría seducir como propuesta de transición. Sin embargo, Lula y el PT, a través de su último congreso, han dejado claro que su apoyo es a una enmienda constitucional que permita elecciones directas.

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