Es un monstruo grande (y pisa fuerte)

Con la aprobación de la fusión del grupo de Magnetto y la telefónica Telecom, el Gobierno habilitó la creación del multimedio más gigante de la historia y de la región. Cómo fue el camino de la concentración que Macri inició cuando llevaba un mes como presidente.

Publicada en [R]umbo N°30

El 28 de junio culminó el proceso de sucesivas aprobaciones para la fusión de Cablevisión (Clarín) y Telecom (Fintech), engrosando aún más el poder del Grupo Clarín como el multimedio más importante de la región. De esta forma, pasó a contar con las prestaciones de los cuatro servicios: telefonía móvil, telefonía fija, cable e internet. La unión que había sido aprobada por el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) en enero tuvo cierre con la posterior habilitación por parte de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC). Se trata de un eslabón más de la cadena de decisiones tomadas por el Gobierno en materia de telecomunicaciones que fomentan la concentración, perjudicando la libertad de expresión a costa de la existencia –y subsistencia- de otros medios. Las comunicaciones son un área estratégica para Cambiemos y lo dejaron en claro a pocos días de asumir.

No por casualidad, al tiempo que la CNDC comunicaba su dictamen, Cambiemos logró la aprobación en el Senado del proyecto de “Ley corta” de comunicaciones. Esa normativa prevé la modificación de las leyes de Servicios de Comunicación Audiovisual (2009) y la Ley Argentina Digital –de telecomunicaciones y TIC (2014)-, habilitando a las telefónicas a brindar televisión digital. A su vez, el proyecto oficial obliga a las compañías telefónicas a compartir su infraestructura, con el fin de reducir los precios de los servicios a los usuarios finales. De esta forma se intentó compensar a compañías como Telefónica y Claro, abriendo la posibilidad a la prestación del paquete de cuatro servicios. O “cuádruple play”. Si bien no están en capacidad de competir con el servicio de TV por cable de Cablevisión, sí tienen abierta la puerta de la TV satelital.

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EL “SÍ” FÁCIL.

Ambas determinaciones constituyen un desenlace previsible de las políticas oficiales que lleva adelante la gestión de Cambiemos desde su llegada al poder, dispuestas a alterar las reglas de juego al servicio de la concentración. Lejos quedó el discurso de la pluralidad de voces y democratización de los medios, para dar paso al mercado y la búsqueda de inversiones. Y a la gestación del gigante de medios más poderoso no sólo de la historia argentina, sino de toda la región: la triple alianza Clarín-Cablevisión-Telecom.

Poco menos de un mes llevaba Mauricio Macri como presidente cuando firmó el DNU que unificó las leyes de medios audiovisuales y de telecomunicaciones y creó el ENACOM, como nueva autoridad de aplicación. En los hechos, esto significó la disolución de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) y el establecimiento de una puerta giratoria para las empresas que debían adecuarse a los límites antimonopólicos que imponía la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), más conocida como “ley de medios”. Con su DNU, Macri no sólo flexibilizó las normas que limitaban la concentración, sino que además habilitó la posibilidad de prorrogar las licencias por 10 años más.

El 2016 cerró con un nuevo decreto que flexibilizó la expansión de las telecomunicaciones hacia el sector audiovisual y viceversa, permitiendo el acceso a todos los mercados en el lapso de dos años. La presunta universalidad de esta regla esconde que pocos están en condiciones de aprovecharla: se estima que solamente quienes dominan el 70% del mercado de la TV por cable podrían hacer uso de esta oportunidad. Finalmente, un tercer DNU en materia de comunicaciones llegó en 2017, con la disolución del Ministerio de Comunicaciones y reubicación de sus funciones en el Ministerio de Modernización.

La fusión entre Clarín-Cablevisión y Telecom es el broche de oro de estas políticas, anticipada con la previa compra de Nextel y la vuelta a la telefonía. El Grupo que maneja Héctor Magnetto tiene ahora el control operativo de la nueva fusión, contando con el 42% del mercado de telefonía fija, el 34% de telefonía móvil, el 56% de internet por banda ancha y el 40% en tv paga. Sin dejar de apreciar su presencia en la televisión abierta, las radios, la posesión del 49% de las acciones de Papel Prensa, productoras, diarios y agencias de noticias bajo su órbita. Nadie cuenta con un poder igual en el mercado ni su capacidad de influencia y formación de opinión pública que aumenta su poder de lobby.

PERSIANAS BAJAS.

Clarín se empodera por lo que compra y por lo que otros venden. A la firma de decretos se suma la distribución discrecional de pauta oficial –gesto no exclusivo del gobierno macrista-. La publicidad oficial es la principal fuente de financiamiento de la mayoría de los medios. ¿Cuál es el riesgo? Las consecuencias están a la vista desde los primeros meses de la gestión de Cambiemos: desaparición de contenidos y medios, precios arbitrarios producto de la escasa o nula competencia (dependiendo de la región); falta de mantenimiento y perjuicios para los usuarios y menor inversión. En pocas palabras: pocos medios, baja calidad de servicios y precios altos que perjudican no sólo la libertad de expresión sino también el bolsillo de los usuarios. Todo eso en el país del gigante más gigante.

Las políticas regresivas se cristalizan en el cierre de medios y la pérdida de puestos de trabajo. Días atrás, Radio Del Plata anunció el despido de 42 empleados, que se suman a otros 12 del mes de mayo, alegando que es la única forma de sostener la empresa y evitar el cierre de la emisora. Sus problemas económicos datan de dos años, momento en el cual dejaron de cumplir con los sueldos y aportes de sus trabajadores.

El cierre del Buenos Aires Herald corre por vías similares. Tras 140 años de publicaciones, cerró sus puertas. En pocos meses pasó de editarse todos los días a salir sólo los viernes, despidiendo el 70% de su planta de empleados, y finalmente a cerrarse completamente. El vaciamiento de radio El Mundo, que no llega a pagar los salarios ni el mantenimiento de la transmisión, es otro ejemplo. El Grupo 23, por su parte, perdió la mayoría del financiamiento que recibía del gobierno anterior, presentando desde 2015 problemas con el pago de los sueldos de sus trabajadores, limitando las publicaciones de sus diarios. ¿El resultado? Cierre de la revista Veintitrés, apagado de Radio América y lo único que sigue a flote es el diario Tiempo Argentino, por la cooperativa que armaron sus trabajadores.

A la lista se suman la intervención judicial del Grupo Indalo, la inestabilidad del Grupo Octubre y los despidos masivos en las emisoras de radio y televisión estatales. Los medios que fueron afines al gobierno de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner resultan las principales víctimas de la nueva política, bajo una lógica de premios y castigos por medio de la pauta oficial. Sin embargo, no hay que dejar de ver la incapacidad de las políticas del kirchnerismo para lograr márgenes de autonomía que permitieran persistir a los medios luego del cambio de color político en la Casa Rosada.

La pluralidad de voces, como principio republicano, incluido en el discurso de campaña de Cambiemos, parece haberse quedado en las puertas de Balcarce 50. Luego de dos años y medio de políticas regresivas orientadas a la concentración monopólica y la pérdida de libertad de expresión, hay un único y claro ganador: el Grupo Clarín. Como contrapartida, alineado al discurso del Gobierno macrista.

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