La centralidad de las víctimas y la contradicción macrista

Por Ileana Arduíno

Publicada en [R]umbo N°26

La nota distintiva del discurso presidencial en la Asamblea Legislativa del 1 de marzo, en materia de seguridad, fue el abuso de lugares comunes. Uno de sus slogans pone a las víctimas en el centro de la preocupación pública aunque, si miramos bien, sus políticas de gobierno las desprecian con bastante frecuencia.

Ese discurso es viejo y conocido. Cualquiera que revise el momento liberal en el sentido más económica y políticamente destructivo de la expresión, podrá encontrar apelaciones emocionales de reivindicación de víctimas y exaltación policial, el segundo slogan preferido de Macri.

La invitación a “cuidar a quienes nos cuidan”, en referencia a la Policía, estuvo precedida de la visita de Chocobar a la Casa Rosada, un policía procesado por haber ejecutado a un joven desarmado. Una forma clara de habilitar el libre albedrío en materia de violencia policial.

La violencia no empezó con el caso Chocobar. Lo que sí sucede desde entonces es que la ejecución de personas es una herramienta habilitada por quienes deberían gobernar políticamente el uso de la fuerza sobre las personas.

Luego, el recurso a las víctimas se expande cuando los niveles de cohesión social se debilitan y la propia acción de gobierno destruye tejidos indispensables para el acceso a una vida medianamente digna. No es que las personas no deban responder por sus daños, es que la respuesta que dicen ofrecer se limita a la lógica del ensañamiento que ni repara el hecho individual ni guarda ninguna relación con que luego pueda ser evitado.

Ahí están las estadísticas de reincidencia, que se alimentan con fracasos de un sistema penitenciario oscuro, corrupto y violento, demostrándolo. Al respecto, hubo en el discurso ausencia total de referencias a la política carcelaria.

Esa proclama que supone sensibilidad frente a las víctimas suena más vacía aún cuando advertimos que tampoco hubo anuncios en materia de políticas de prevención social del delito.

Por último, ¿qué han recibido las víctimas en dos años de macrismo? Preguntémonos, por ejemplo: ¿Cómo se explica que apenas asumió Macri haya suspendido la entrada en vigencia de la reforma del sistema de justicia federal que hasta hoy funciona con reglas coloniales? ¿Qué entiende por víctimas un gobierno cuyos abogados constituidos en querellantes en la causa AMIA pidieron la absolución de fiscales que en lugar de investigar el atentado, lo encubrieron? ¿Cómo y quién le explica esa centralidad de las víctimas a los familiares de Rafael Nahuel, que en estos días organizan una colecta para poder costear peritos que permitan demostrar lo que entre los pueblos mapuches es rutina, es decir, que la represión corrió por cuenta de fuerzas de seguridad federales? ¿Y qué centralidad reconoce a las víctimas de violencias de género un gobierno que lleva más de dos años sin implementar la ley que creó un cuerpo de abogados especializados para ellas?

Son las propias acciones de gobierno las que contradicen esa centralidad en el plano de los hechos. Aunque en la acción de propaganda, que es en sí misma la política constante del macrismo, algunas de ellas sean su protagonista preferida.

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