"La democracia y el capitalismo son estructuras incompatibles"

Entrevista a Aitilio Borón

El politólogo y sociólogo analiza la actualidad venezolana y regional y reflexiona sobre la profundidad y los límites de la democracia en nuestro continente. La postura del Gobierno argentino frente a la salida de Malcorra y el caso Corea del Norte.

Por Nicolás Moretti

Publicada en [R]umbo N°20

Frente a los últimos sucesos en Venezuela y la creciente escalada de violencia, ¿es acertado el llamado de Maduro a la Asamblea Constituyente?

Creo que es una tentativa interesante, pero depende de que haya una parte dispuesta a interlocutar. La situación en Venezuela indica que hay un sector mayoritario de la población, de entre de un 74 y un 81%, que no desea la violencia, y un número apenas menor que dice que los violentos deben ser encarcelados. Pero esos violentos son los que tienen la hegemonía en la coalición opositora. Y la tienen por su gran poder de amenaza y de chantaje a esa mayoría que rechaza la opción violenta. El gran problema que tiene Maduro es que no tiene con quien hablar.

A nivel político.

Claro. La Constituyente sería una buena salida, una muy buena medida para salir de la crisis. Pero si es saboteada es imposible.

En alguno de sus artículos habla del “salto de calidad” de la oposición venezolana. ¿Cómo ve esa fase hoy?

En esta estrategia, pensada por los ideólogos de la CIA, se fueron quemando etapas. La primera, la del manejo del rumor a través de la prensa; luego, calentar la calle con movilizaciones cada vez más numerosas, con pequeños incidentes aislados, sin nada para lamentar; y, actualmente, lo que denominé salto de calidad, que es el enfrentamiento directo con las fuerzas del orden, saqueos, incendios, bombas molotov, heridos, fallecidos, ataques a hospitales, a edificios públicos, etcétera. Esta fase está llegando a su fin y está comenzando otra peor que es el ataque a las centrales hidroeléctricas, el sabotaje, la parálisis total que haga que todo el mundo quiera poner fin a esa situación, que se suma a la guerra económica que el gobierno de Maduro enfrenta hace ya unos años y al nuevo contexto regional que comenzó con el triunfo de Macri en 2015.

¿Hay puntos de contacto entre lo que ocurre en Venezuela y el fin del ciclo kirchnerista?

Sí. El inesperado regalo de un gobierno de derecha democrático en Argentina que los norteamericanos no esperaban les dio mucho ánimo a las derechas de allá y a la latinoamericana. Más que nunca es evidente que (Daniel) Scioli y (Mauricio) Macri no eran lo mismo: el impeachment contra Dilma (Roussef) no hubiese sido tan brutal, tan burdo, para empezar.

¿Eran polos opuestos?

No es que uno fuese de izquierda y otro de derecha, sino que uno era de derecha y el otro era un poco tibio pero con un compromiso político y social asumido con líderes regionales como Lula da Silva, Evo Morales y Rafael Correa, sumado a su experiencia de doce años en el kirchnerismo que le dio cierta sensibilidad para los reclamos sociales.

En Brasil, el derrumbe del gobierno de Temer desnuda muchas cosas, entre ellas el alcance de la democracia. ¿Cuáles son esos límites?

La democracia y el capitalismo son estructuras incompatibles. Mientras más profundo sea el modo capitalista de producción, menos chances hay de tener una democracia auténtica, si la entendemos no como la posibilidad de elegir a un gobierno cada tanto tiempo, sino como un tipo de sociedad que surge como producto de un proceso político que lleva como premisa fundamental establecer un cierto nivel de igualdad social. El ideal de la democracia es crear una sociedad de iguales. En América Latina, bajo gobiernos democráticos, se duplicaron los índices de desigualdad, aunque haya habido gobiernos que hayan intentado compensarla. Esto puede traer consecuencias graves.

¿Cuáles?

Yo tengo una hipótesis complicada que indica que, a futuro, algunas sociedades van a confiar mucho menos en la democracia y quizá se revaloricen vías no institucionales. No hablo de hoy, sino dentro de unos 20 años, en donde los líderes, las fuerzas sociales y las dirigencias pueden ser mucho más radicales en el tratamiento con los sectores dominantes. No van a existir las contemplaciones que existen ahora. Esta discusión sobre la democracia tiene muchos vasos comunicantes sobre lo que ocurre en Venezuela, si me permitís volver.

¿En qué sentido?

En que en Venezuela no hay democracia posible mientras exista una oposición que apuesta a la destrucción violenta del orden político. Por eso mi tesis de que, ante ese escenario, el Estado debe apelar a todas sus fuerzas represivas para reestablecer el orden.

De Malcorra a Corea del Norte

Susana Malcorra renunció a la Cancillería. ¿Cómo evalúa su corta gestión?

Malcorra no trasladaba en el plano de la Cancillería las cosas que decía Macri. Eso se debe a su experiencia en Naciones Unidas. Las posiciones radicalizadas del macrismo duro en política internacional fueron por momentos imposibles de traducir para una mujer que viene de un organismo que considera una locura ciertas tendencias. Malcorra ponía paños fríos cuando eso pasaba. El Gabinete quiere a un canciller de una línea más dura, algo parecido a lo que sucedió en Aerolíneas con Isela Constantini. Este es un Gobierno inclemente, que no acepta que nadie se desalinee.

¿En Corea del Norte hay una amenaza de conflicto real o es una pantalla?

Es un problema serio. Corea del Norte tiene una capacidad de disuasión nuclear muy importante, por eso a pesar de las amenazas norteamericanas, no han desistido de sus ensayos. Estados Unidos desiste de la intervención militar directa a pedido de los coreanos del sur y de los japoneses, ya que los destrozos potenciales que el arsenal nuclear de Kim puede hacer en Seúl, que está a 300 kilómetros, y en Okinawa son incalculables. La Costa Oeste norteamericana queda muy lejos de allí. Los norteamericanos están desplazando las dos terceras partes de su flota al Mar de China, para controlar ese país, y un país tercermundista con capacidad de retaliación nuclear es una molestia. Pero un ataque directo a ese país es inviable y los norteamericanos lo saben.

Compartí este post: