La guerra del acero

Trump aplicó aranceles a la importación de acero y de aluminio, allanando el camino para una guerra comercial que podría dejar graves consecuencias económicas a nivel mundial. El impacto en China, Europa y Argentina.

Publicada en [R]umbo N°26

Las promesas de Donald Trump de aplicar aranceles a las importaciones de acero y aluminio ya se hicieron efectivas. El jueves 8 de marzo, por medio de decretos, el presidente de los Estados Unidos aplicó un gravamen del 25% al acero y un 10% al aluminio, alegando que se trata de una cuestión de seguridad nacional al ser productos esenciales para la industria de la defensa.

Estados Unidos es hoy en día el principal importador de acero a nivel mundial, importando cuatro veces más de lo que exporta. Ingresa a su territorio el 10,5% de la producción mundial, proveniente de 100 países distintos. Sin embargo, para analizar los hechos quizás no sea tan útil observar a Estados Unidos como a quién es el principal exportador del mundo, nada más y nada menos que China. El gigante asiático concentra el 49% de la producción mundial, seguido de lejos por la Unión Europea. Sin embargo, no se encuentra entre sus más grandes proveedores. Canadá, socio comercial con el cual conforma junto a México el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), es el principal proveedor de acero de Estados Unidos. El panorama actual no permite aún dilucidar si se trata de una mera decisión aplicada contra China, en una lucha por la influencia comercial de las potencias, o si se podría hablar de un cambio de estrategia acorde a lo vaticinado desde los inicios de la gestión de Trump en relación al proteccionismo comercial: industria de acero en Estados Unidos es débil y viene en franco retroceso.

¿Por qué hablar de una posible guerra comercial? Las amenazas de represalias se hicieron escuchar ya antes del dictamen oficial. Los temores acerca del futuro del TLCAN se dispersaron parcialmente cuando Trump aseguró que tanto México como Canadá quedaban exentos de la nueva política arancelaria, con la condición de que se renegociara el tratado. Sin embargo, la Unión Europea ya calcula el impacto que las medidas tendrán en su economía, para castigar a Estados Unidos en la aplicación de gravámenes a los productos importados desde este país. El acero producido a nivel mundial, que no podrá ser colocado en Estados Unidos, podría generar un aumento de la oferta que afectaría directamente los precios, llevándolos a una fuerte baja. Dentro de los países latinoamericanos, Brasil es otro de los más afectados, siendo uno de los principales proveedores de acero de Estados Unidos. Argentina, por su parte, también se verá condicionada, habiendo exportado en 2017 cerca de 550 millones de dólares en aluminio y 220 millones en acero. A esto se suma la incertidumbre de saber si la política arancelaria se expandirá a otros productos, al ser Estados Unidos el tercer mercado más grande al cual se exporta, con el recuerdo fresco de los conflictos por la exportación de carne, limones y biodiesel al país norteamericano. Las consecuencias en el comercio mundial aún están por verse.

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