La madre de las batallas

“Yo doy a la cultura este significado: ejercicio del pensamiento, adquisición de ideas generales, hábitos que deben conectar causas y efectos. Para mí todos son ya cultos, porque todos piensan, todos conectan causas y efectos. Pero lo son empíricamente, primordialmente, no orgánicamente. Por lo tanto, se tambalean, se abandonan, se ablandan o se vuelen violentos, intolerantes, rijosos, según los casos y las contingencias”. Antonio Gramsci

Por Marcos Fernández

Publicada en [R]umbo N°27

Los sectores populares sufren, en la era PRO, un doble flagelo. El material, con el impacto de los tarifazos, el ajuste económico, la inflación, las magras paritarias, por un lado; y, por el otro, el impacto cultural: menos visible, pero que subyace en las políticas del Gobierno y de sus aliados, grupos mediáticos, económicos y hasta en poderosos sectores de la justicia.

Desde que el macrismo es gobierno comenzó, a través de sus múltiples dispositivos, a derrumbar conquistas que parecían consolidadas y que eran parte de la batalla cultural que se daba por ganada. La ley de medios como herramienta para desmontar monopolios o el fin de la teoría de los dos demonios con los juicios a los represores son dos de los ejemplos más resonantes.

La cultura se interpreta de forma amplia y diversa, atraviesa a todos y todas en todo momento, es historia y es presente y no existe una persona inculta, no existe una sola cultura y ninguna es superior a otra. “En un país como el nuestro conviven distintas culturas, con distintas tradiciones y distintas formas de interpretar y ver la realidad. Lo que no se puede negar es que las relaciones de poder intervienen en esta convivencia cultural. Una cultura domina a la otra y se establece como la legítima para cierto lugar y momento histórico”. Esta visión de Norman Goldstein se puede observar cuando se pone en debate el valor cultural de un territorio por sobre otro, como si la Ciudad de Buenos Aires fuera más legítima que San Salvador de Jujuy. Lo mismo puede suceder entre religiones o comunidades.

1 (1)

El sistema, en su lógica opresiva, busca homogeneizar la diversidad cultural e imponer una identidad por sobre la otra para tapar las injusticias que suceden a diario. Se ofrece una representación de la realidad que distrae, invisibiliza y ocupa la atención en disputas que no son reales –o, por lo menos, no son las esenciales-, y así se favorecen los intereses de los sectores dominantes y se consolida la hegemonía.

La batalla más grande que hoy está dando el bloque de poder es para que prime una mirada individual por sobre la colectiva. La cultura de la meritocracia, en la que la única forma de prosperar en la vida es a través del esfuerzo individual, es un arma devastadora. No sólo por lo falso de la afirmación, al despojar al Estado de todas sus responsabilidades en la construcción de sociedades más igualitarias, sino en lo cotidiano y sus consecuencias en la consolidación de individuos apáticos, indiferentes y violentos hacia las otras y los otros. Entonces, retomando la palabra de Goldstein, “¿cómo damos la batalla contra un monstruo que domina todos los dispositivos de poder y que busca consolidar su hegemonía cultural de una manera silenciosa? Nosotros, desde nuestros lugares, debemos ofrecer espacios de diversidad cultural con actividades que puedan interpelar a distintos sectores de la sociedad. Debemos brindar un lugar donde las distintas culturas populares de nuestros distritos puedan expresarse libremente y llamen a más gente para formar parte de ellos. Tenemos que generar espacios de identificación y referencia para la comunidad y desde ellos trabajar en la reconstrucción de una identidad colectiva”. Un gran ejemplo de esa lucha cultural es el movimiento de mujeres en la disputa contra este sistema patriarcal, que domina las relaciones de poder hace siglos. Ese es el ejemplo a seguir en los distintos planos.

Si se entiende que la cultura tiene una potencia fundamental en pensar, de saberse dirigir en la realidad y de transformarla, sobre todo, y si, como plantea Antonio Gramsci, esos hábitos que conectan causas y efectos hoy están ablandados o tambaleantes, es tarea de todos aquellos que quieren construir una sociedad más justa trabajar los mecanismos necesarios para dar esa disputa de sentido contra quienes hoy detentan el poder real y quieren someter a la mayoría a una disputa de pobres contra pobres, mientras profundizan su hegemonía. Lo amplio, diverso y colectivo por sobre lo individual, ahí está la madre de las batallas.

Compartí este post: