La ola brasileña

Envalentonado por los resultados electorales, el Gobierno planea ir a fondo por los derechos laborales. El empresariado pide flexibilización y baja de costos y salarios. La experiencia de Brasil asoma como un espejo trágico para los trabajadores argentinos.

Por Patricio Fiorentino

Publicada en [R]umbo N°23

“La reforma laboral será gremio por gremio, al estilo Vaca Muerta”. Con esa confianza y sin tapujos, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, vaticinó en la reunión semanal de los miembros del selecto Rotary Club algo que en el Gobierno ya dan por descontado concretará después de las elecciones y que en su momento fue un secreto a voces: La modificación de los convenios colectivos de trabajo en detrimento de los trabajadores, como ya sucedió con los petroleros de Neuquén, para bajar el costo laboral a los sectores empresarios y reducir el impacto político que conllevaría reformar leyes como sucedió en Brasil.

El propio presidente Mauricio Macri lanzó un mensaje sin dobles interpretaciones nada menos que en el Coloquio de IDEA, foto que reunió a toda la crema del empresariado: “Los sindicatos tienen que aceptar alguna flexibilidad en las fábricas”.

El Gobierno abrió varios frentes a combatir para instalar que se necesitan cambios urgentes que modernice y haga más productivo al mercado laboral, para que comiencen a fluir las tan promocionadas inversiones. Señalar a abogados y jueces laboralistas como “la mafia de los juicios laborales” que “ponen palos en las ruedas”, hasta mediatizar la detención del dirigente de la Uocra Juan Pablo “Pata” Medina como su arremetida contra la mafia de la burocracia sindical es parte de la estrategia oficial para disciplinar a quien no se alinee. “No hay lugar para comportamientos mafiosos”, advirtió un eufórico Macri, mientras el referente de los obreros de la construcción bonaerenses pasaba sus primeras horas en el penal de Ezeiza.

La detención de Medina, a pocos días de la reunión del Comité Central Confederal de la CGT, hizo ruido hacia el interior de la central obrera. La celebración pasó desadvertida y no tuvo grandes anuncios, luego que se descartara toda medida de lucha antes de las elecciones legislativas. Ni siquiera los sindicalistas más combativos se expresaron a favor de convocar a un paro nacional y prefirieron quedar expectantes a los resultados de las elecciones. Todo un símbolo de entumecimiento del poder gremial ante un gobierno que avanza, sin prisa pero sin pausa, contra los derechos de sus representados.

A LA BRASILERA.

Escudados en un discurso falso de “baja competitividad” de la producción nacional –discurso alentado por los grandes medios, y todos juegan para el Gobierno- y luego de la violenta flexibilización de las leyes laborales que impuso el cada vez más antipopular gobierno de Michael Temer a través del Congreso brasileño, desde el empresariado argentino se multiplican las voces que piden a gritos y sin enrojecerse que se replique la experiencia brasilera.

Un tuit de Marcos Galperin, CEO de Mercado Libre, empresa valuada en aproximadamente 12 mil millones de dólares, reflotó el posicionamiento del empresariado local, ante la flexibilización laboral del país creador de la bossa nova y sus consecuencias de este lado del mapa: “Viendo la reforma brasilera, la Argentina puede 1) imitarla 2) salirse del Mercosur 3) resignarse a perder millones de empleos a Brasil”, enumeró desde su cuenta de la red social las opciones que -a su parecer- le quedan a la industria nacional para reacomodarse en el escenario productivo.

Entre las reformas más polémicas de la nueva ley laboral de Brasil, que los funcionarios de Cambiemos miran de reojo, se destacan los acuerdos por empresa y a nivel individual sobre las convenciones colectivas; la extensión de la jornada laboral hasta un máximo de 12 horas diarias; el empleador podrá pagar salarios sobre una base horaria o diaria, para evitar la medición mensual; elimina la obligatoriedad de negociar con los sindicatos despidos colectivos; se flexibilizan las condiciones de desvinculación, ya que el monto de las indemnizaciones no quedará determinado por el salario; dificulta y encarece el acceso a los tribunales de trabajo; prevé un banco de horas para compensación de horas extras sin necesidad de acuerdo colectivo; y la creación de una comisión no sindical de representantes de los trabajadores para negociar directamente con la empresa.

TAJADA AL BOLSILLO.

Argentina tiene hoy el salario mínimo más alto de Latinoamérica, equivalente a 505 dólares, seguido por Chile con 435, mientras que en Brasil apenas alcanza los 300 dólares. A la hora de negociar las condiciones de trabajo, mientras que en la Argentina se firman convenios colectivos por actividad, previa negociación con el sindicato que tiene personería gremial, en el resto de la región prevalecen los acuerdos por empresa e individuales por sobre las convenciones colectivas, con diversos contratos con modalidades flexibles.

El presidente de la Sociedad Rural (SRA), Luis Miguel Etchevehere, quien conduce uno de los sectores más favorecidos por Macri luego de que le quitara las retenciones a la exportación apenas arribó a la Casa Rosada, también pidió cambios en las reglas laborales. “Si nosotros competimos con Brasil para captar inversiones y ellos tienen un sistema laboral atractivo para invertir, nos obliga a nosotros a ponernos en agenda. No podemos seguir como estamos en este aspecto, porque no es que va a haber menos empleo sino que desaparece el empleo. Si la inversión se hace en Brasil y no en la Argentina, desaparece ese trabajo acá y aparece allá”, previó Etchevehere.

En su lucha contra los derechos laborales, Cambiemos encontró en la Corte Suprema un aliado de peso, que con dos intervenciones demostró de qué lado de la cancha piensa pararse. El máximo tribunal falló en contra de un empleado que perdió un juicio y le ordenó hacerse cargo de todos los gastos jurídicos, mientras que en otra instancia revocó un fallo de la Sala III de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, que condenaba a la transportadora de caudales Brink’s Argentina a pagar una suma que consideró desproporcionada en concepto de indemnización por un accidente laboral que sucedió en 2008.

Además de negociar la flexibilización sindicato por sindicato, el gobierno de los ceos tiene preparado un combo más amplio de beneficios para el sector productivo, que pondrá en discusión recién luego de octubre y antes de que finalice el año, para que este apueste, finalmente, su inversión en la Argentina. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, junto a su equipo económico ya tiene en carpeta una reforma tributaria para reducir la carga impositiva al sector empresarial y así fomentar las ansiadas inversiones, sumado a un blanqueo laboral, que eximirá del pago de multas a los empresarios que regularicen a sus empleados, que hayan sido contratados a través del mercado laboral informal.

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