La última crisis

Macri intentó, con dos mensajes grabados y sin éxito, mostrar gobernabilidad para calmar la presión de los mercados sobre el dólar. Habló de una última oportunidad para el país que, parece, una última oportunidad para su gestión.

Por Patricio Fiorentino

Con un mensaje grabado de poco más de 25 minutos, presentado el primer lunes después de la peor semana de su gobierno, Mauricio Macri lanzó una moneda al aire. Admitió la crisis, habló de “emergencia” y pidió ayuda. En Casa Rosada pensaban que eso y un paquete de medidas económicas iban a alcanzar para calmar la “tormenta”. Nada de eso pasó. Horas después, ni el peronismo, ni los mercados, ni hombres cercanos a Cambiemos ni el propio FMI recogieron esa moneda que sigue en el aire, cayendo y con destino incierto.

En una áspera cumbre de fin de semana en la quinta presidencial de Olivos, los socios de Cambiemos delinearon las medidas que Macri anunciaría y, unos minutos más tarde, el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, ahondaría en los detalles. El mensaje, dirigido más para cerrar una tregua temporal con los mercados que para llevar una mínima tranquilidad a los argentinos, careció de autocrítica y desbordó de excusas para explicar que la crisis económica fue producto de factores externos y que, ahora, no hay otra solución más que profundizar el ajuste para alcanzar la meta de déficit cero en las cuentas fiscales al finalizar 2019.

El programa de ajuste fiscal, con el que el Ejecutivo intentará recortar 11.700 millones de dólares hasta 2020 mientras Dujovne negocia con el FMI modificaciones en el acuerdo firmado en junio pasado, digita un nuevo régimen de retenciones para las exportaciones, de 4 pesos por dólar para las exportaciones primarias y de 3 por dólar para el resto de las exportaciones; un recorte del 0,7 por ciento del PBI en gastos de obra pública; el traspaso de los gastos de subsidios del transporte y la tarifa social eléctrica a las provincias, con lo que achicaría otro 0,5 puntos del PBI las cuentas fiscales; y una restructuración en el Ejecutivo, que redujo de 22 a 11 los ministerios que integran el gabinete.

El respaldo de los millones del FMI es la carta que busca el Gobierno mostrarle al mercado, que supo inundar de dólares a una Argentina con un bajo nivel de endeudamiento en el inicio de la era macrista, pero que hoy desconfía de su capacidad de gestión y de pago y se fuma las reservas del Banco Central (BCRA). La entidad que conduce Luis Caputo vende y vende para contener el valor de la moneda estadounidense, que pasó en menos de una semana de menos de 32 a 39 pesos, con picos de 40 y hasta 42 pesos por dólar. Desde que el Gobierno selló el acuerdo con el FMI, el 21 de junio, al BCRA se le escurrieron más de 6.000 millones de dólares de los primeros 15.000 que desembolsó el FMI en sus arcas.

BUSCANDO UN SÍMBOLO DE PAZ. Luego de anunciar las nuevas medidas de ajuste, Dujovne voló una vez más a Washington para encontrar un espaldarazo de los directivos del FMI, que lo ayude a ordenar la crisis doméstica. En esa reunión deberá explicar por qué, con un engañoso mensaje, Macri adelantó, sin demasiadas precisiones, que el organismo que conduce Christine Lagarde estaba dispuesto a acelerar desembolsos previstos para 2020, con el –fallido- objetivo de calmar la sangría de dólares. Los tiempos del Fondo no son los mismos que los de la economía argentina y la gestión para modificar el acuerdo firmado hace poco más de dos meses será una misión cuesta arriba para el ex panelista de TN.

Pronto a ingresar la ley de Presupuesto 2019 al Congreso, Macri no está pasando las mejores horas con los gobernadores de la oposición, quienes pidieron ser convocados por Casa Rosada, no solo para discutir la ley de leyes, sino para que sean tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones ante la crisis. “Le votamos todo y ahora estamos en esta situación, de emergencia, y nos enteramos de las decisiones por los medios”, dijo un embroncado Juan Manzur, gobernador de Tucumán, a la salida de una reunión con sus pares peronistas, en el Consejo Federal de Inversiones.

Con la vista puesta en las elecciones de próximo año, la oposición no quiere ser socia del ajuste que propuso el oficialismo para alcanzar el déficit cero, luego de haber cedido recursos con la ley de responsabilidad fiscal aprobada en diciembre de 2017.

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