Los deslices de Trump en la cumbre con Putin

El presidente de los Estados Unidos puso en duda el trabajo de los servicios de inteligencia de su país luego de las denuncias por la injerencia rusa en las elecciones de 2016. Las reacciones de propios y ajenos.

Por Leandro Ugo

Publicada en [R]umbo N°30

El 16 de julio, en la ciudad finlandesa de Helsinki, se llevó adelante la primera cumbre entre los presidentes de Estados Unidos y Rusia, Donald Trump y Vladimir Putin, luego de ocho años de gélida relación entre las dos potencias.

Las conclusiones de la cumbre fueron muy distintas de las que se esperaban y causaron un espectacular revuelo en los medios internacionales, sobre todo en las redes de medios afines a Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Desde este lado del mapa, la actitud de Trump y sus dichos en el encuentro fueron vistos literalmente como una rendición, como una claudicación, ante Rusia. Se le achaca al presidente estadounidense haber tenido una actitud hostil unos días antes frente a quienes en teoría son aliados de su país en la OTAN.

A Trump se le critica, además, ver con malos ojos a sus propios servicios de inteligencia como el FBI o la CIA; y se le recrimina, por último, una actitud casi condescendiente y benévola con quien debería ser su adversario en política internacional, es decir, Putin. Por si fuera poco, a todo esto se le suman las investigaciones por supuesta injerencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016.

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En este clima de tensión entre agencias mediáticas, de inteligencia, y también de figuras políticas, tanto demócratas como republicanas, contra el presidente Trump, las conclusiones y la actitud del magnate de la construcción y los medios en la cumbre de Helsinki fueron duramente criticadas por sus adversarios políticos, tanto dentro como fuera de Estados Unidos.

Sin embargo, y más allá de las pujas de poder interno dentro de la superpotencia americana, lo sucedido en Finlandia responde a los cambios geopolíticos que se vienen gestando desde hace varios años en el escenario mundial.

Si bien la potencialidad económica rusa sigue siendo muy menor en comparación con la estadounidense, el país liderado por Putin ha tomado en los últimos veinte años una relevancia política y militar que podía parecer inesperada unos años después de la caída del Muro de Berlín. Su recuperación económica fue fenomenal y su influencia en los países de Europa del este y Medio Oriente se volvió mUcho mayor de lo que era una década y media atrás.

Este crecimiento de la importancia rusa en el tablero mundial genera resquemores en varias agencias y figuras políticas estadounidenses, que desde hace más de veinticinco años vienen intentando llevar a la práctica la disminución de la influencia rusa en el resto del mundo. Las “paces” que hizo Trump con Putin en Helsinki son vistas por el establishment estadounidense como una traición a la política de Estado llevada adelante desde hace décadas por Washington. El enojo, en este contexto, se comprende mejor.

Con un escenario mundial modificado, y bien distinto al del 2001, con unos Estados Unidos que ya no son una superpotencia indiscutida, que se ven casi superados por China en lo económico, y que se ven disputados por Rusia en el terreno militar, resulta entendible que se generen grandes tensiones políticas dentro de este país, que se ve a sí mismo perdiendo la supremacía mundial.

Resulta difícil hoy decir si lo que se avecina es una tendencia a un mayor equilibrio entre potencias mundiales para el futuro, o si lo ocurrido en Helsinki es solo un desliz más, hecho por un presidente norteamericano que no respeta las líneas maestras que Washington se traza para su política internacional. Será cuestión de esperar. El futuro -en política también- suele ser bastante incierto.

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