Marx en retrospectiva

Por Lucía de Carlos*

A doscientos años del nacimiento del ideólogo revolucionario Karl Marx, queda mucho aún por reflexionar de cara al fortalecimiento de un socialismo de carácter localista. Se podrá coincidir o disentir en todo o en parte con los presupuestos programáticos desarrollados por este filósofo alemán, pero lo que es seguro es que no se puede permanecer inmutable ante su obra.

Huelgan a este breve escrito muchas apreciaciones sobre las que ya bastante se ha dicho durante estos doscientos años que se cumplen desde su natalicio. Es por ello que consideraremos algunas apreciaciones acerca de la construcción del comunismo tanto desde su faceta ideológica como desde la praxis en Latinoamérica.

Nuestras latitudes han quedado relegadas e incluso han sido objeto de menosprecio por parte del comunismo europeo pero también del local. Es que sin descontextualizar aquella plataforma programática en la que el comunismo originariamente fue ideado, se puede hacer un esfuerzo intelectual para comprender el clima de época en el cual este célebre autor nos invita a pensar al ya por todos conocido fantasma que recorre Europa, ponderando entre otras cosas el momento histórico en el que se lo sitúa, el contexto político de aquel continente, los desarrollos tecnológicos e incluso la distancia física entre ambas latitudes. Lo que no se puede entender, y echar luz en ello una deuda de todas las izquierdas, incluso las populares, es cómo hasta la actualidad desde los partidos políticos y frentes electorales que componen la izquierda clásica, no se realiza una revisión histórica que permita reconstruir una ideología arraigada en los preceptos de Marx, pero de corte latinoamericanista que reconozca, celebre y aporte a las luchas y a los logros de la región, con un lenguaje emancipador propio, en vez de abonar in eternum un discurso eurocéntrico, despojado de localismos, que se torna por momentos hasta más propio de las clases dominantes a las cuales pretende disputar sentido, y que no sólo desconoce sino peor aún, combate toda expresión localista de lucha.

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No es que se trate del contexto actual, en el que debemos observar impávidos cómo desde algunos sectores se descargan ríos de tinta contra la situación que vive actualmente el ex presidente de la República Federativa de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, el cual atraviesa un proceso judicial escandalosamente contrario a derecho que lo mantiene en prisión infundadamente con el objetivo de coartar de raíz toda posibilidad de disputar elecciones de manera democrática al candidato de un partido socialista que fue capaz de sacar de la pobreza a millones de brasileros, generar inclusión, educación y sustento entre otras cosas; o incluso la crítica lasciva al chavismo en Venezuela que logró durante dos décadas y aún en la actualidad, ser una propuesta contrahegemónica a la derecha que, con el auspicio de los Estados Unidos,  mantuvo subyugado al pueblo venezolano durante la etapa previa, e incluso durante el gobierno de Chávez y de Maduro ha desplegado todo tipo de herramientas de guerra sucia. Ni tan siquiera el líder indigenista Evo Morales parece ser digno de mención entre los anales del comunismo latinoamericano. Sino que más aún desde los inicios del desembarco del partido comunista en la región, incluso el gran Mariátegui fundador del Marxismo Latinoamericano, poseedor de una visión antidogmática, que piense al socialismo como una creación heroica de carácter local en clara oposición a la idea de copiar el patrón europeo, fue violentamente expulsado del histórico Partido Comunista del Perú del cual él mismo era fundador, por plantear la necesidad de incorporar tanto al discurso como a la práctica cotidiana del comunismo local las necesidades de los pueblos originarios, la lucha por el acceso a la tierra para quien la trabaja, los reclamos llevados adelante por las mujeres y hasta la emancipación ideológica del discurso europeizante. Llama la atención el hermetismo de los partidarios del dogmatismo acerca de este hecho clave para el desarrollo del socialismo latinoamericano.

En tiempos en los que no se avizora un horizonte de bienestar social, inclusión, justicia y equidad resulta imperativo avanzar a posiciones de confluencia, para las cuales como paso previo se hace necesario reconocernos y reconstruir, volver a dotar de sentido las experiencias de lucha, resistencia y logros comunes que han germinado en nuestramérica durante los últimos doscientos años que enlazan la irrupción de la doctrina marxista a las luchas por la independencia, antes del colonialismo, ahora del capitalismo, que llevan adelante nuestros pueblos.

*Lucía es Procuradora (UNRc)

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