No fue magia

La crisis económica golpea más duro en los sectores más frágiles del conurbano bonaerense. Explotan los comedores y crece la tensión social. En dos años y medio, a Macri se le desmadró la inflación, dilapidó empleos y bate récords de caída de la economía y de fuga de capitales.

Por Patricio Fiorentino

Publicada en [R]umbo N°30

Cuando a Mauricio Macri le preguntaron en una conferencia de prensa qué responsabilidad asumía de la crisis que desató la corrida cambiaria que tuvo en vilo al país durante largos días, lo pusieron en un aprieto del que le fue difícil zafarse. Luego de pensar unos segundos, respondió: “La autocrítica que me hago es que, por mi temperamento, siempre he sido muy optimista”. Tras dos años y medio de gestión, ese optimismo se encuentra hoy bajo la sombra de una realidad que no se reflejó en sus pronósticos, que auguraban una inflación fácil de domar y un crecimiento sostenido de la economía, que generaría empleo de calidad y sacaría a miles de argentinos del umbral de la pobreza. Nada de todo eso pasó.

Con el temperamento a Macri tampoco le alcanzó. El Presidente sintió en carne propia cómo la voracidad de la mano invisible del mercado, la mano que dejó entrar y hasta alentó, terminó de enterrar su plan gradualista y le tiró las primeras piedras sobre el camino hacia su reelección. Golpear las puertas del FMI para coordinar un rápido salvataje a cambio de un plan de ajuste fue la consecuencia de haber liberado la economía hasta perder todo control.

Como un meteorólogo, Marcos Peña pronosticó que “se vienen meses más fríos y más tormentosos” para los argentinos. Pero el jefe de Gabinete no hablaba del clima, sino que utilizó esa metáfora para referirse a la situación económica del país. A las pocas horas, el primero en respaldarlo fue el propio INDEC, al publicar los números que dejó el mes de mayo. Según el ente estadístico, la actividad económica cayó un 5,8% frente al mismo mes del año pasado. Para comparar un derrumbe similar hay que retrotraerse hasta 2009, tras la gran recesión de la economía global que provocó la caída de un gigante, como el banco estadounidense Lehman Brothers.

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IMPACTO INFLACIONARIO.

Los coletazos de la crisis comenzaron a sentirse con mayor fuerza en los sectores más vulnerables de la sociedad, que ya venían aguantando las políticas de ajuste desde que Macri desembarcó en la Casa Rosada.

Para estos sectores, que destinan la mayor parte de sus ingresos a los alimentos, el INDEC tuvo una noticia aún más negativa que la disparada de la inflación, que ya superó la meta (ya abandonada) del 15% proyectada en diciembre pasado por el equipo económico de Cambiemos. El costo de la canasta básica de alimentos, que se utiliza para medir la indigencia, tuvo en junio un incremento de 4,9% contra el 3,7% de la inflación promedio, y ya acumula un 18% en lo que va del año y 29,7% en los últimos 12 meses.

La canasta básica total, que mide la pobreza, subió 4,1%, y marcó un alza de 17,5%en el primer semestre de 2018. Así, una familia tipo necesitó, para cruzar esa línea, ingresos por 19.601 pesos, mientras que en el mismo mes del año pasado esa misma familia necesitaba 14.811 pesos.

ERA POR ABAJO.

“Lo primero que advertimos fue la mala alimentación y mal nutrición, ya no solo de los chicos, sino de familias enteras. Las mujeres de los barrios se empezaron a organizar porque los pibes no están comiendo. Ya es situación de hambre”, cuenta Mariel Fernández, referente del Movimiento Evita en Moreno, provincia de Buenos Aires.

“Los alimentos están carísimos. Hay familias que tienen que alimentar a cinco o seis chicos y no pueden. Explotaron nuevamente los merenderos y los comedores. Los que solían atender pocos chicos, alrededor de 30, pasaron a darles de comer a más de 200”, describe Fernández la cruda realidad que se vive en los barrios más humildes del conurbano bonaerense.

“Entre comedores escolares y barriales, un 25 por ciento de los niños argentinos se alimenta de esa manera”, advirtió Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina. La UCA calcula que un 54% de los niños argentinos son pobres y que los niveles de pobreza e indigencia volverían a los valores de 2016, por la crisis. "Estaríamos cerca o en esa situación y esperemos que no peor", expresó Salvia, en una entrevista radial.

NOTA CENTRAL COMEDOR COMUNITARIO

REFUERZO BONAERENSE.

El Gobierno bonaerense tomó nota de lo grave de la situación social y anunció un paquete de medidas para mejorar distintos programas sociales para contener una posible explosión, que implicará un gasto de 318 millones de pesos, que surgirá del recorte presupuestario destinado a la obra pública. La gobernadora María Eugenia Vidal, quien se encuentra envuelta en un escándalo por una denuncia sobre falsificación de datos de aportantes a la última campaña electoral de Cambiemos,  admitió que “la inflación ha tenido un impacto mayor a lo esperado, sobre todo en los alimentos”. Y que, por eso, “fortalecerán las políticas alimentarias de la provincia”.

Entre los programas a los que se les destinará más recursos se encuentra el Plan Más Vida, que en la actualidad llega a 600 mil beneficiarios, mientras que destinarán 5.000 pesos mensuales a más de 1.000 organizaciones sociales que administran comedores. También sumarán 18 municipios al programa Un Vaso de Leche por Día, que alcanzará ahora a 60 distritos.

“Luego de la elección de medio término, el Gobierno decidió profundizar el ajuste”, dice Esteban “El Gringo” Castro, Secretario General de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), y advierte: “Si se profundiza el acuerdo con el FMI, esto va a derivar en un genocidio social. Con este plan, el Gobierno no garantiza la paz social”.

La generación de empleo formal es otra asignatura que el Gobierno tiene con números flojos. Solo en mayo se perdieron 16.900 empleos formales y encadenó dos meses de caída en este segmento. Desde febrero pasado son 37.000 los empleos que se esfumaron. A esto se suma que las expectativas de contratación en el sector privado son las más bajas desde febrero de 2014.

Una encuesta realizada por la Universidad de San Andrés reveló que, de junio a julio, la imagen presidencial cayó ocho puntos porcentuales, bajando del 45 al 37 por ciento, y que desde las elecciones de octubre del año pasado la aprobación de su gestión se fue en picada, con una caída abrupta del 66 al 37 por ciento.

“Con lucha impedimos que, al inicio de la gestión, implementaran el ajuste que están aplicando dos años después”, recuerda Castro. Y trae al contexto actual las movilizaciones que derivaron en la sanción de la Ley de Emergencia Social. “Hubo un acuerdo con el FMI antes de la corrida cambiaria, que implicaba un ajuste de 300 mil millones de pesos, que es demasiado dinero para recortar con este contexto social”, agrega.

Un record que podría llegar a anotarse el mejor equipo de los últimos 50 años es el de la salida de capitales: los dólares que los argentinos compran para atesorar o gastar en el exterior y que solo vuelven a entrar en circulación a través de las exportaciones. Según datos del Balance Cambiario de junio del Banco Central, en el primer semestre a la economía local se le fugaron 16.676 millones de dólares, un 117,1% más respecto al mismo periodo de 2017, año en que, ya sin el cepo cambiario, la fuga de capitales había alcanzado los 22.148 millones de dólares. Esta cifra sólo fue superada en 2008, cuando se registró una salida de 23.098 millones de la divisa estadounidense. A este ritmo, un número nada difícil de superar.

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