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Tras más de un mes de rebelión en las calles francesas, Macron reacciona con medidas urgentes mientras los chalecos amarillos exigen facilidades para un referendo que permita un control popular del Estado.

Por Martín Caballero

RIC. Esas fue la sigla que se elevó como reclamo en las protestas en Francia. La implementación de un Referendo de Iniciativa Ciudadana (RIC) es la propuesta que voceros de los chalecos amarillos exigieron a la Asamblea Nacional, para poder así redactar y derogar leyes o revocar mandatos de funcionarios electos.

La iniciativa consiste en otorgar la posibilidad al pueblo francés de convocar a un referendo sin necesidad de solicitarlo al parlamento previamente. Deberán, según las alternativas en danza, juntar entre un millón o medio millón de firmas (depende de las distintas propuestas) a través de una página web dependiente de un organismo independiente, que además fiscalizará el proceso. Este plan requeriría de una modificación en la Constitución francesa.

La reforma constitucional de 2008 incluía la figura de “referendos de iniciativa compartida”, pero con condiciones impracticables. Además de exigir el aval de 4,5 millones de votantes, el proyecto de ley debía contar con el respaldo de 185 diputados y senadores. Hoy la propuesta de los chalecos amarillos cuenta con amplio respaldo. Desde Marine Le Pen hasta Jean-Luc Mélenchon, pasando por el propio gobierno de Emmanuel Macron la han considerado, aunque con matices.

Por su parte, el movimiento de los chalecos amarillos renueva con esta propuesta el espíritu de un movimiento que surgió hace más de un mes, producto del encarecimiento de la vida en Francia. Distintas posiciones se van formando alrededor de la radicalización del movimiento, su orientación política, su desgaste o la necesidad de diálogo a partir de los últimos anuncios de la presidencia.

El lunes 10 de diciembre, Macron habló ante la peor crisis de su gobierno desde que asumió, el 14 de mayo de 2017. En un mensaje televisado, con tono conciliador y reconociendo la “cólera justa” de los manifestantes que hace un mes vienen protagonizando manifestaciones, anunció un aumento de 100 euros al salario mínimo, la congelación del alza de las cotizaciones de la CSG (Contribución Social Generalizada) a los y las jubiladas que cobren menos de 2.000 euros y la exclusión de tributación para las horas extra.

Estas medidas costarán, según el primer ministro francés, Edouard Phillipe, más de 10.000 millones de euros y elevarán el déficit fiscal francés a 3,2%, lejos del 2,8% buscado. Igualmente, en el gobierno trabajan con prisa para poder implementarlas. Además, buscando desarticular el conflicto, el presidente ha convocado a una “gran concertación nacional” para discutir en los próximos meses cinco ejes: transición ecológica, organización del Estado, fiscalidad, inmigración, democracia y ciudadanía.

Con estos actos, Macron pretende poner fin al ciclo de manifestaciones que llevan adelante los chalecos amarillos desde el 17 de noviembre, el primer sábado que irrumpieron en París y las principales ciudades francesas reclamando contra el aumento en combustibles. A pesar de que el gobierno francés suspendió el aumento por los próximos seis meses, el movimiento sigue en pie, aunque con una merma en la movilización.

Nuevos y heterogéneos reclamos fueron apareciendo entre las filas de estos manifestantes que, sin organización visible y a través de las redes sociales, reúnen más de cientos de miles de personas. La propuesta del RIC y renuncia de Macron son hoy los reclamos más fuertes, a los que se suma el restablecimiento de impuesto a la riqueza que el gobierno eliminó el año pasado, el aumento de salarios, el freno a la inmigración o derogación de las leyes de la reforma laboral.

El impacto del clima político ha tenido una respuesta desde los mercados franceses. El  Índice Compuesto de Gerentes de Compras (PMI), indicador de la actividad privada, ha registrado un hundimiento por primera vez en los últimos dos años y medio, con una caída de casi cinco puntos. También el Banco de Francia ha reducido sus proyecciones de crecimiento por el desempeño del actual trimestre.

A las complicaciones de Macron se suma el rechazo a sus medidas, calificadas como “poco y muy tarde” por voceros del movimiento. Además, en estos momentos el ojo de la Unión Europea se posa sobre las arcas francesas para saber si el presidente logrará ejecutar sus promesas manteniendo el déficit fiscal y sin reactivar el impuesto a la riqueza, medida sobre la que el mandatario no quiere volver atrás.

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