Paz, Constituyente y Revolución

Maduro apostó a la conformación de una Asamblea Nacional para frenar la embestida de la derecha, que llena de muerte las calles practicando un golpismo abierto. La Asamblea Nacional se instala como contra poder y difunde mentiras por los medios.

Por Marina Cardelli

Publicada en [R]umbo N°21

Es difícil hablar de Venezuela sin volverse soldado de la causa que se defiende. Porque lo que vive el pueblo venezolano es, justamente, una etapa de confrontación definitiva. Los intereses que expresaba la revolución ya no son compatibles con lo que ha ocurrido en el continente en los últimos dos años. Ya no son compatibles ni aceptables para este sistema. Venezuela quiere seguir avanzando en el sentido contrario al que tomó la región y expresa la etapa que los representantes del capital financiero consideraban cerrada: los gobiernos “populistas”, los Estados presentes.

El de Nicolás Maduro es uno de los gobiernos que más resiste a las crisis económicas y sociales (planificadas pero reales) porque, de aquel proceso, era uno de los más radicalizados. Se hablaba de socialismo y se planificaba toda la integración de espaldas a Estados Unidos.  Se enfrentaba a los poderes concentrados en sus terrenos  (la democracia representativa y la economía),  pero también se creaba el Poder Comunal. Y todavía resise porque siempre miró más allá.

Pero al optimismo de la voluntad hay que equilibrarlo con el pesimismo de la razón: En Venezuela hay cada vez más violencia y muerte. El desenlace del proceso está abierto. Mientras el gobierno de Maduro y el chavismo (en su diversidad) trabajan para la paz, la oposición está empeñada en que se desarrolle una guerra civil. Cuando el conflicto social crece, la violencia y la muerte suelen ser las respuestas de los Estados que trabajan para los capitales y contra el pueblo.

Efectivamente, así ha respondido siempre el Estado que conocemos ante la movilización y la protesta de los trabajadores, de los más pobres, de los olvidados. Así responde en Argentina, en Brasil o en Chile y así suele funcionar el monopolio de la violencia por parte del Estado: contra el pueblo. Los medios y la oposición en Venezuela cuentan con esa historia conocida para mentir. Si en Venezuela el Estado estuviera respondiendo a “movilizaciones pacíficas” con represión y asesinatos entre la población civil, la OEA y los Estado Unidos ya no necesitarían excusas para dar la orden a la Cuarta Flota (marines norteamericanos desplegados por América del Sur y el Caribe) de invadir el país.

Por eso necesitan mentir: necesitan construir una historia de víctimas pacíficas contra un Gobierno violento; ante las noticias de muerte y violencia, ante las imágenes de los carabineros entre gases, la comunidad internacional tendrá los motivos y las emociones persuadidas de que en Venezuela hay represión y dictadura. Pero en Venezuela, la violencia y los asesinatos son causados por grupos armados organizados y entrenados por la oposición y financiados por el Departamento de Estado norteamericano. En Venezuela la derecha acapara alimentos y medicinas para desabastecer a la población y alimentar el caos. En Venezuela hay grupos armados que ponen bombas en hospitales y edificios públicos. Las organizaciones populares se preguntan con cansancio: ¿Hasta cuándo vamos a poner la otra mejilla?

Referendum ilegal

El 16 de julio, la oposición venezolana llamó a un referéndum a través de la Asamblea Nacional que, además de no ser el poder que puede hacerlo, está en desacato por sus sostenidas acciones golpistas. Fue un llamado ilegal, además de fraudulento: se vio en muchos medios que se podía votar tantas veces como se quisiera, con cualquier tipo de documento. El objetivo era inventar el resultado, amparándose en los medios masivos, y poner en crisis la estrategia del gobierno democráticamente electo de Nicolás Maduro: La elección constituyente del 30 de Julio pasado. Contó, también, con el apoyo de los dos gobiernos aliados más importantes: Argentina y Brasil.

El mismo día, el Gobierno implementó su estrategia de desactivación del plan del MUD (Mesa de unidad Democrática): El simulacro de votaciones para la Asamblea Nacional Constituyente, para probar el funcionamiento de todo el sistema. Para el ensayo electoral se activaron 551 centros de votación: 55 pilotos y el resto son centros en donde el elector podía encontrar sólo las máquinas para saber cómo votar. La movilización en las calles fue inmensa y opacó la jornada que el MUD esperaba protagonizar.

Dos semanas después se realizó la verdadera elección y participaron más de 8 millones de personas: casi el 42% del padrón de electores, en un país con elecciones optativas, al igual que la mayoría de los países del continente. Las acusaciones de fraude y los análisis deslegitimadores no tardaron en llegar, planteando que el porcentaje era minoritario. A Michelle Bachelet la votó el 26% del padrón de electores de Chile; Enrique Peña Nieto fue electo con el sufragio del 24% del padrón de electores de México. Michel Temer no fue electo, sino que asumió tras un golpe de estado. En la era de la pos-verdad, la democracia que cruje es la que a ellos les de la gana. Ya no está en debate la democracia venezolana, está en debate el fin o la profundización de la revolución.

El jefe de Gabinete argentino, Marcos Peña, expresó su apoyo al plebiscito del MUD, como si fuera el plebiscito de un gobierno democrático. Cual paladines de la democracia, se saludan entre golpistas. Laura Chinchilla, ex presidenta de Costa Rica, Jorge Quiroga, ex presidente de Bolivia y Andrés Pastrana, ex presidente de Colombia posaron en esos días para fotos junto a guarimberos, que son los que han asesinado a cientos de personas y son los responsables de la violencia organizada y golpista en Venezuela. La impunidad de la clase política de estas semanas está desatada, porque  el 30 de julio la constituyente se impuso y en Venezuela ganó el pueblo. Esa derrota es intolerable, esa derrota para ellos significa algo tan peligroso como que Lula se presente a elecciones en 2018: volver a poner en riesgo sus privilegios de clase.

La derecha ha llamado a desconocer al gobierno de Maduro. Se autoproclaman gobierno y van encontrando apoyos. No vamos a ver en los diarios ni en las pantallas lo que de verdad está ocurriendo en Venezuela: la revolución se radicaliza porque es la única salida. Como cada semana, desde hace varios meses, lo que vaya a ocurrir en territorio bolivariano es impredecible. La indiscutible tarea de aquellos que toman la voz del pueblo y de quienes creen que los proyectos de la pobreza y el saqueo van a ser derrotados es defender la Asamblea Nacional Constituyente que se votó, movilizar en todo el continente para defender al gobierno revolucionario y, sobre todo, no ser jamás cómplices silenciosos de la mentira y la desinformación del imperialismo.

 
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