Podemos ganar

En tan solo tres años y medio el gobierno logró crear una crisis económica fenomenal y destruir, sin más, infinidad de herramientas políticas, económicas y sociales que sostenían y garantizaban derechos de nuestro pueblo. La pobreza supera el 30%, el desempleo tiene la mayor tasa de los últimos 12 años, los femicidios y travesticidios tocan su techo histórico. Ni siquiera en nombre de sus propios negocios lograron el control económico del país. Si el daño no fue mayor, es porque no hubo tregua y cada semana pusimos el cuerpo para exigir nuestros sueños de una Argentina diferente. Desde las luchas feministas proponiendo y haciendo otra política, hasta los trabajadores y trabajadoras exigiendo paritarias en la calle; desde las asambleas contra el aumento de las tarifas hasta el tridente de los movimientos sociales inundando la 9 de Julio por Tierra, Techo y Trabajo: los más diversos sectores aportaron a construir las condiciones para ganar, por eso en 2019 va a haber unidad para recuperar el gobierno.

Aunque la imagen negativa de Macri crece sin parar, no nos podemos confiar, ellos saben ganar elecciones en la adversidad y están dispuestos a todo. Los dueños del poder en la Argentina están definiendo, en este momento, los pasos para que el proyecto político que Cambiemos expresa siga gobernando en 2020. Quienes lo hemos enfrentado tenemos una sola tarea: discutir el modo de impedirlo. Tenemos que lograr que todo el desencanto y la indignación que reinan en la calle se conviertan en una misma alternativa política que dirima sus diferencias en una PASO. Esta elección no es solamente nuestra, es de la región, porque los resultados pueden cambiar de un momento a otro la situación de todo el continente que es cada día más adversa: lo que suceda en nuestro país en octubre puede acompañar la ola fascista y neoliberal que encabeza Bolsonaro o revertirla.

Por eso, como somos el lugar más incómodo del proyecto neoliberal, tenemos que duplicar esfuerzos en la recta final. La oposición unitaria no se va a construir pasivamente, esperando gestos, con mensajes leves, con tiempos de encuesta. Como si un barco avanzara siempre hacia el lugar preciso, sin turbulencias, sin peligros. Tenemos la responsabilidad histórica de dejar las diferencias atrás, construir una nueva mayoría que incluya a todos los sectores, pueda derrotar a este gobierno y comience a discutir, de una vez, cómo vamos a reconstruir este país después de las políticas de destrucción del empleo, pérdida de soberanías de todo tipo y retroceso de los derechos.

Pero no queremos que se haga como antes, cuando los profesionales de la política debatían la unidad en una mesa chica, ponían a los técnicos para proponer las políticas y llamaban a las organizaciones para juntar los votos. Esa Argentina se terminó dos veces. Primero, cuando la derecha ganó elecciones por el voto popular y descubrimos que algo estábamos haciendo mal. Y segundo, cuando las organizaciones populares empezamos a demostrar en la calle que no hay proyecto de poder sin nuestro protagonismo y nuestra voz. La mayor garantía de que un gobierno oriente sus políticas en el sentido que lo necesita el pueblo es la movilización y el poder popular. La autonomía política no se negocia, la agenda de las luchas no se relega, mucho menos en estas elecciones. Seamos viento y marea, seamos los que movemos desde abajo, llegamos desde el costado, y finalmente damos el impulso fundamental para llegar a buen puerto.

Los feminismos y la economía popular son dos emergentes claros del proceso de lucha y organización contra el neoliberalismo. Los feminismos llenaron las calles exigiendo aborto legal, educación sexual integral y políticas efectivas contra la violencia machista. Denunciaron sin tregua a una justicia patriarcal, cómplice número uno de un pacto machista cuyas redes garantizan impunidad para los violentos y más violencia para las víctimas. Las trabajadoras y trabajadores de la economía popular supieron exigir derechos, desarrollaron estrategias para paliar el hambre y la falta de trabajo, demostrando que entienden el funcionamiento de la economía mejor que todos los ministros que hemos tenido hasta hoy. Hay luchas que transformaron la política, el sindicalismo y la forma de discutir el futuro del país; que lo hicieron, además, con marcos de unidad inéditos y con estrategias de organización distintas y novedosas. Tuvimos que revisar todo lo que conocíamos de política y de acción colectiva, porque no alcanzaba. Las viejas demandas y los viejos actores se mezclaron en la calle con las nuevas demandas y sus nuevos emergentes. La sociedad cambió y cambiaron sus organizaciones; que también cambie la política.

Para ser viento y marea, tiene que haber lugar para todos los sectores. Las organizaciones populares tenemos que expresar electoralmente lo que hemos construido en la calle, expresar la agenda que ya no vamos a tolerar que nadie relegue. Por esa razón queremos que esa agenda esté expresada en todo el país, en todos los frentes unitarios que se construyan. Y también por eso acompañamos la candidatura de Felipe Solá que es el único candidato a presidente que ha definido con claridad avanzar en el camino de la unidad con el compromiso explícito de expresar la agenda de los movimientos populares y que se propone competir en unas PASO con el resto de los sectores antineoliberales. Necesitamos una voz que construya la unidad más amplia y diversa que hace falta para ganarle a este gobierno, que tenga la capacidad de tender puentes entre todos los actores y actrices que podemos ser parte de un frente ganador. Si pudimos volver a soñar es porque hubo un pueblo movilizado que se animó a pensar qué Estado y qué políticas necesitamos para construir dignidad. En Argentina no se rindió nadie. 

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