República Argentina del FMI

Desesperados por recursos para terminar su mandato y fantasear con una reelección, Macri le entregó a Lagarde el comando de la política monetaria y económica. Los anuncios: más deuda, dólar libre y enfriamiento brutal de la economía.

Por Patricio Fiorentino

En el marco de la 73° Asamblea General de las Naciones Unidas, Mauricio Macri aterrizó en Nueva York con una agenda cargada, de 72 horas. Mientras las calles en Argentina parecían una postal de un día feriado, producto del paro nacional convocado por las centrales obreras, el Presidente cerraba, en persona, la renegociación del acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que le ampliará y adelantará el crédito hasta que finalice su mandato a cambio de la cesión de la soberanía en la política económica y monetaria, que en manos del organismo financiero significa más ajuste. También más pobreza: así lo muestran las estadísticas oficiales.

La estadía de Macri en la Gran Manzana fue un frenesí de encuentros que poco tuvo que ver con la asamblea que reúne a los máximos líderes del planeta. El Presidente se jugó su última carta para salvar el futuro de su gobierno y mantener en pie la esperanza de alcanzar la reelección, al lograr que el FMI accediera a las condiciones de un nuevo acuerdo, que su ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, se encargó de anunciar en una más que esperada conferencia, junto a la titular del FMI, Christine Lagarde, en el consulado argentino en Nueva York.

El Fondo Monetario entregará, antes que termine 2019, la totalidad de los 50.000 millones de dólares del acuerdo original, firmado en junio pasado. La renegociación incluirá, también, 7.100 millones de dólares extra, llevando la deuda asumida con el organismo internacional a 57.100 millones de dólares. A cambio de esa ampliación del crédito y de las modificaciones de condiciones al pacto original, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) deberá dejar al dólar en libre flotación, al menos en una franja cambiaria que será fijada por el Fondo, y que, en principio, correrá entre los polos de 34 y 44 pesos por dólar, antes que pueda intervenir.

Este jueves, además, se conoció el índice de pobreza. 27,3% en el primer semestre de 2018, un aumento de 1,6% con respecto al cierre del año pasado y 710.000 nuevos pobres e indigentes. El impacto social de la crisis no se quedará ahí: en el segundo semestre de este año la inflación será aún más alta y empujará a más familias a la categoría de pobres. El propio Macri lo admitió así: “Los indicadores de pobreza de las mediciones de marzo y septiembre también van a mostrar retrocesos”, adelantó. Hablaba de los informes de pobres del segundo semestre de este año y del primero de 2019.

"El gran cambio está en dos números, 19-19: 19 mil millones de dólares adicionales para 2019", simplificó Lagarde, sobre el adelanto de fondos, que le dará un manto de tranquilidad a Cambiemos en el año electoral. Al menos en lo relativo a los pagos de deuda que deberá realizar. Como consecuencia de este flaco favor, el Gobierno no solo ratificó su plan presupuestario y recesivo de déficit fiscal cero, que tendrá que sortear la aprobación en el Congreso, sino que además se comprometió a adoptar una drástica política antiinflacionaria desde el BCRA, que reducirá a cero la emisión monetaria hasta junio de 2019.

El gobierno de Macri logró hacerse hasta el final de su gestión, a costa de ajuste fiscal y pérdida de soberanía económica y monetaria, de los fondos que, originalmente, debían ser administrados hasta entrado 2020, y alejar el fantasma del default (cesación de pagos de la deuda). Ahora el organismo internacional de crédito tendrá mayor influencia sobre la economía local a través de Lagarde y sus técnicos, liderados por Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental, y Roberto Cardarelli, jefe de la misión para Argentina.

El nuevo espaldarazo del FMI al gobierno de Cambiemos no fue gratis. El martes temprano, en medio de la renegociación de la ayuda financiera, el mundo de las finanzas se desayunó con la renuncia, luego de tan solo 103 días de gestión, del presidente del BCRA, Luis Caputo, y el veloz nombramiento de Guido Sandleris, funcionario de la cartera que conduce Dujovne, quien se convirtió en el tercer titular de la entidad monetaria en poco más de tres meses.

La incertidumbre por esta desprolija salida sacudió a los mercados, cuando todavía no se había anunciado el nuevo acuerdo entre el Gobierno y el Fondo. Macri tuvo que ofrendar en bandeja al ex ministro de Finanzas, primo de su hermano del alma, Nicolás Caputo, para conseguir el aval del Fondo. ¿El primer efecto? El dólar subió dos pesos en dos días.

El paso de “el Messi de las finanzas”, como alguna vez lo definió el jefe de Gabinete, Marcos Peña, por el BCRA, fue un fracaso rotundo. En su fugaz gestión Caputo dilapidó casi la totalidad del primer desembolso del FMI por 15.000 millones de dólares, mientras que el dólar se disparó de 27 a 40 pesos y la tasa de interés fue elevada al 60 por ciento anual, nivel que le puso el freno de mano a la economía real de los sectores productivos.

Compartí este post: