Una guerra de amenazas con el dedo sobre el botón rojo

Kim Jong-un incrementa la tensión nuclear a Trump, que responde con amenazas de contraataque y bloqueos comerciales para debilitar a los norcoreanos. El rol de China para evitar una desestabilización regional y mundial.

Por Martín Caballero

Publicada en [R]umbo N°22

La prensa oficial del gobierno de Corea del Norte informó que su último ensayo con la bomba de hidrógeno, el 3 de septiembre, fue un éxito. El temblor que generó su explosión, de unos 6.3 grados de magnitud, llegó hasta la frontera con China y Rusia. Su impacto mediático, de mayor resonancia, golpeó en todo el mundo. Una vez más la carrera armamentística, con el fantasma nuclear, volvió a irrumpir en el centro de la escena.

Las repercusiones fueron inmediatas, una escalada retórica se dio lugar entre los medios norcoreanos y el gobierno de los Estados Unidos. Desde el país comunista se reclamó al presidente Donald Trump cesar todas las agresiones, mientras que la Casa Blanca insinuó la posibilidad de un ataque frontal. Las voces de Rusia y China, que reclamaron una solución por otras vías, lograron bajar el tono de las amenazas.

A través del Consejo de Seguridad de la ONU, Estados Unidos negoció la imposición de sanciones económicas más severas contra la economía comunista. La limitación en las importaciones norcoreanas de derivados del petróleo y la prohibición total para el comercio textil y de gas natural son algunos de los ejemplos de las nuevas disposiciones que fueron aprobadas el lunes 11 de septiembre.

Estas medidas parecen poco en relación a las verdaderas intenciones de la Casa Blanca, que iban desde la prohibición para todos los países de vender petróleo crudo hasta la deportación de ciudadanos norcoreanos que envíen remesas al país. Pero las intenciones de China y Rusia de negociar sanciones menos extremas dieron el tono final a la resolución final de la ONU.

Corea del Norte es un país con un comercio exterior poco diversificado. Con más de 3.600 millones de dólares en exportaciones logra superar a países como Senegal o Afganistán. Aún así, y aquí está el dato clave, tiene una profunda dependencia de la compra-venta china, destino de más del 80% de las exportaciones y origen del 85% de las importaciones.

¿Pueden estas nuevas sanciones golpear la economía norcoreana? Se filtró hace unas pocas semanas un estudio de un panel de expertos de la ONU, donde revelan que este país logró recaudar hasta 270 millones de dólares exportando, a través de distintos países, carbón, hierro, oro y otras commodities que previas sanciones prohíben adquirir.

De alguna manera Washington quiere acorralar a Corea del Norte para hacerla abandonar sus intenciones y desarrollo nuclear. Por su parte, el país de Kim Jong-un, con una economía orientada a la industria pesada y a la militar, una de sus ramificaciones, amenazó a los Estados Unidos con infligirles el “mayor dolor” que jamás hayan conocido.

China, sin querer resignar su comercio opta por una resolución del conflicto a través de herramientas diplomáticas y no de la fuerza. Ha intentado destrabar el conflicto a través de negociaciones que, sin fruto alguno, fueron abandonadas por los representantes de Pyongyang. Una de sus últimas propuestas para acercar posiciones fue la de que Estados Unidos y Corea del Sur suspendan sus ejercicios militares a cambio de la suspensión de ensayos nucleares en el norte de la península.

Mientras Trump trenza amenazas de fuego con Kim Jong-un, el líder chino Xi Jinping, presionado a tomar posición, evalúa de qué manera esquivar un conflicto que pueda alterar el status quo de la región. El Consejo de Seguridad de la ONU se ha convertido en una negociación de consensos mínimos sobre cómo sancionar el accionar norcoreano. Pero la llave que destrabe o el botón que inicie el conflicto más temido desde la segunda guerra mundial dependerá de las aspiraciones, la psiquis y el resultado de la pulseada de estos tres hombres.

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