Un modelo repetido e insostenible

A mitad de año la deuda pública alcanzó los 300 mil millones de dólares. La mayor parte de esa deuda fue fugada y está tomada en moneda extranjera, lo que muestra lo endeble de un esquema con forma de bomba de tiempo.

Por Martín Kalos (*)

Publicada en [R]umbo N°25

A pocas cosas le teme más Mauricio Macri que a la emisión monetaria. En su visión, la emisión es la causante única o última de la inflación, el flagelo endémico de nuestro país; ignora así otras causas, pese a la evidencia y teorías que demuestran su impacto sobre los precios. Por eso su modelo económico incluye una primera etapa “de transición”. Con una política monetaria contractiva que ya no permite que el Banco Central gire tantos miles de millones de pesos al Tesoro Nacional, ¿cómo puede el Estado financiar su déficit?

La respuesta obvia es el endeudamiento público. El kirchnerismo había hecho ya buena parte del trabajo: había arreglado la mayor parte de los frentes externos abiertos desde 2001 -default, juicios ante el CIADI, Club de París, Repsol, etcétera-. Sólo le restaba arreglar con los holdouts para poder salir a endeudarse, tal como pretendía y necesitaba un modelo económico que evidenciaba su incapacidad para generar los dólares frescos que la economía requería. Macri decidió pagar lo que un juez neoyorquino y los fondos buitre le pedían, sin negociar, para poder salir a endeudarse rápidamente.

La coyuntura lo ayudaba: heredó un nivel de endeudamiento reducido y un contexto mundial de bajas tasas de interés y menores oportunidades de negocios en los países centrales. Pero a la suerte hay que ayudarla: Macri nombró entonces un equipo económico idóneamente capacitado para llevar adelante el proceso de endeudamiento más grande de la historia argentina, merced a sus vínculos personales y profesionales con entidades financieras y organismos de crédito de primera línea mundial.

Los datos oficiales avalan la eficiencia con la cual Cambiemos endeudó al Estado: en junio de 2017, la deuda pública nacional alcanzó los 300.000 millones de dólares, a lo cual debe aún agregarse lo que adeudan las provincias, municipios y el propio Banco Central.

Poco más de la mitad (51%) es deuda con organismos públicos -como el Banco Central o ANSeS-. Esto no es nuevo: todos los gobiernos han hecho uso de dinero que tenían afectado para usos específicos -como las jubilaciones-, entregando a cambio títulos de deuda. Esto podría llevar a círculos virtuosos, donde el Estado invierte ese dinero y contribuye al desarrollo y a la sustentabilidad de los títulos de deuda que entregó -y por tanto, por ejemplo, al pago futuro de jubilaciones-. Pero demasiadas veces esos procesos han terminado en defaults, que también han desfinanciado súbitamente esas políticas públicas.

Es correcto pensar al Estado como una única entidad, que utiliza todos los recursos que tiene en sus distintas “cajas” para sus múltiples políticas. El problema es cuando eso lo lleva a desfinanciar otros gastos -por ejemplo, jubilaciones- porque necesita volcar ese dinero a pagar su deuda. La sustentabilidad de la deuda es clave y es la incógnita que no puede aún responder el Gobierno actual.

NÚMEROS ROJOS.

Efectivamente, la deuda pública no ha dejado de aumentar en los últimos años. De acuerdo al Ministerio de Finanzas, en los primeros 18 meses de Cambiemos se incrementó en 68.250 millones de dólares, aumentando un 30,6% respecto de diciembre de 2015. Como correlato, los intereses pasaron del 1,4% del PBI en 2015 al 1,6% en 2016, 2,2% en 2017 y aumentarían al 2,3% en 2018. Eso significa mayor peso de los intereses en el gasto público, lo cual implica reorientar recursos que de otra manera podrían destinarse a las políticas sociales y productivas que requiere la población argentina.

Pero el 67,6 % de la deuda está contraída en moneda extranjera -dólares, euros, etcétera-. Esto implica que para repagarla harán falta, justamente, dólares. Y he aquí el talón de Aquiles de la política de endeudamiento “sustentable” que propone el Gobierno.

El equipo económico de Macri sostiene que el endeudamiento tenderá a estabilizarse en los próximos años. Ven a la deuda como un paliativo transitorio para financiar el déficit fiscal sin emisión monetaria, pese a que en la práctica endeudarse en dólares implica también emitir pesos - porque el gasto que hace el Tesoro es mayoritariamente en pesos y por tanto debe venderle al BCRA los dólares que le dieron al endeudarse, antes de poder gastar -.

El principal problema es que hoy en día el endeudamiento en dólares no se usa sólo para financiar el déficit fiscal. Esos dólares son también utilizados por toda la economía: desde que asumió Macri la mayor parte de esos dólares volvieron a salir del país, siendo usados para pagar por nuestras importaciones, el giro de ganancias de empresas extranjeras que operan en el país, la fuga de capitales, el auge del turismo argentino en el extranjero y el propio servicio de la deuda -ya sea del Tesoro Nacional o por las LEBAC del BCRA-.

Importamos más de lo que exportamos y esto tenderá a empeorar en los próximos años. La pregunta es entonces: ¿de dónde saldrán los dólares en el futuro, para continuar afrontando todos estos costos en dólares y además los crecientes intereses a pagar por nuestra deuda pública? La apuesta del Gobierno nacional es a que provengan de la inversión extranjera. Pero los incentivos que da el actual modelo económico no alcanzan aún para que esa inversión sea masiva y se vuelque a expandir y mejorar la producción nacional.

Por tanto, el riesgo es que la escasez de dólares sólo pueda ser solventada mediante las divisas que ingresan al país por el endeudamiento público. La deuda pública seguiría siendo entonces la que financie la creciente necesidad de dólares que tiene la economía argentina para funcionar, hasta que no pueda endeudarse más y se desencadene entonces una crisis. Esto no es nuevo: es lo mismo que ya ha ocurrido tantas veces en la historia. No hay ningún elemento aún en el modelo de Cambiemos que apunte a modificar este problema estructural de la economía y así a evitar una nueva crisis (cíclica) en Argentina.

(*) Economista, miembro de la Sociedad de Economía Crítica.

Compartí este post: