Un Pac Man en el bolsillo

Por la devaluación, durante la gestión Cambiemos el sueldo promedio se depreció un 27% en dólares. La escalada de precios revienta la canasta básica y devora el poder de compra de los sectores populares. Las paritarias ni rozan la inflación real.

Por Victoria Larrea

Publicada en [R]umbo N°30

En diciembre de 2015, cuando Mauricio Macri asumió la Presidencia, la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE), el índice que mide el salario promedio de los trabajadores registrados, era de 15.800 pesos. El 10 de ese mes, cuando se hizo el traspaso de mando, el dólar cotizaba en el Banco Nación a 9,75 pesos para la compra. En síntesis: un sueldo en blanco y promedio permitía comprar 1.620,50 dólares. El último salario promedio, medido en mayo de este año, es de 29.338,79 pesos. El último día hábil de ese mes la divisa estadounidense se comercializó a 25,40 pesos por dólar. El sueldo medio, en un año y medio, equivalía entonces a 1.197,50 dólares. Una depreciación salarial del 27%. Este es, en números, el modelo Cambiemos.

En la conferencia de prensa que brindó el 18 de julio, el Presidente dejó tres afirmaciones: “Estamos atravesando una tormenta”; “la inflación bajará 10 puntos” y “las paritarias son libres”. Un día antes, los datos del INDEC revelaron que la inflación del mes de junio fue de 3,7% a nivel nacional y 3,9% para Gran Buenos Aires, el porcentaje más alto de los últimos 25 meses. Los efectos de la corrida cambiaria y la devaluación -que ya alcanzó un 48% en lo que va del año- no tardaron en reflejarse en el aumento general de precios y, por ende, en el achicamiento del poder de compra del conjunto de la población. Sumado a esto la inflación interanual escaló a 29,9% y la inflación núcleo, aquella que no tiene en cuenta precios regulados y estacionales, alcanzó el 4,1% el mes pasado. Pero el dato más preocupante del mes de junio es cuáles son los principales sectores que sufrieron esta escalada de precios: alimentos y bebidas no alcohólicas (5,2%), transporte (5,9%), salud (4,3%) y equipamiento y mantenimiento del hogar (4%). Los alimentos que más aumentaron en los últimos seis meses fueron la harina, la lechuga y los huevos. Todos por encima del aumento general de precios y de consumo cotidiano que ajusta a los sectores de menores ingresos, que no tienen capacidad de ahorro y su economía doméstica depende en gran medida de los precios de la canasta básica.

Supermercado-Precios-Gondola-Comercio-

Con este dato, la inflación de los primeros seis meses del año acumula un 16%. El Gobierno se encuentra con otro problema que lo pone en aprietos: la medición interanual roza los 30 y es mayor a la meta superior del 29%, tope, que se había acordado con el FMI en el memorando. En este se había fijado una meta ideal, del 27%, y dos metas superiores, de 29% y 32%. Si la inflación llega a un 32% el FMI revisará el acuerdo completo, factor que puede condicionar a futuro los desembolsos que se prevén según el acuerdo. Diversas consultoras económicas afirman que si el Gobierno decide no frenar el aumento de tarifas en gas y electricidad previsto para fin de año y no logra mantener la estabilidad del dólar la inflación de 2018 superará los 30 puntos.

Estas cifras demuestran el poco control que el Gobierno tiene con la inflación y la situación económica general. No solo tiene consecuencias directas en los bolsillos de las y los consumidores, sino que complica cada vez más la planificación económica. Por otro lado, en un contexto donde las paritarias -aquellas que lograron firmarse- cerraron alrededor del 15% se evidencia la pérdida de salario real que atraviesan las y los trabajadores. El mismo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, declaró en mayo de este año que las paritarias se debían adecuar a la meta de inflación anual del 15%. Al haberse superado ese porcentaje en la primera mitad del año, la pérdida salarial de la masa trabajadora es inminente y nada parece indicar que se logrará frenar.

La rama de la construcción cerró paritarias por un 10% en abril y un 5% en agosto con un 3% de revisión de 2017; Luz y Fuerza un 11% en marzo y un 4% en junio; Los estatales nacionales un 3% en julio, 3% en agosto y 6% en septiembre; La UOM un 6% en abril y un 9% en julio más una suma de 4.000 pesos no remunerativos. Petroleros un 7,5% en abril y un 7,5% en octubre. Transporte un 5,5% en abril, un 5,5% en septiembre y un 4% en enero de 2019. El paro general del 25 de junio tuvo como efecto el decreto emitido por el Poder Ejecutivo que estableció un mecanismo de homologación para renegociaciones paritarias que estableció un nuevo techo salarial del 20%. Se establece que cada sector puede reabrir su paritaria hasta un 5% más para el trimestre posterior. Aunque implica una mejora, la pérdida de salario se mantiene con una inflación anual del 30% como se espera. El Poder Ejecutivo busca -mediante una lógica de disciplinamiento de la clase obrera- salarios cada vez más chicos y empobrecidos.

Según datos del INDEC en este último año la participación de la masa salarial en el valor generado en la producción se redujo en 2,3 puntos porcentuales: en el primer trimestre de 2017 alcanzaba un 53,8% y para el mismo período del 2018 cayó a 51,55%. Esto se debe a que la producción y los precios aumentaron por encima de las remuneraciones. Mientras los costos salariales bajan, las empresas asumen mayores ganancias y los y las trabajadoras pierden.

La situación de pérdida de poder adquisitivo golpea de cuajo el empleo formal y sindicalizado. Si tenemos en cuenta la situación del sector informal, que representa alrededor del 40% de la masa trabajadora, no tienen paritarias y tienen salarios más bajos que la media, el cuadro social empeora y mucho.

Además, el tipo de relación laboral que más creció desde que asumió Mauricio Macri fueron el empleo no registrado y el monotributo social -la categoría más baja-. Los puestos de trabajo no registrados crecieron un 5,8% mientras que los registrados un 1,1%. Cada vez se acrecientan los puestos de trabajo de peor calidad que apuntan a relaciones laborales más frágiles, efímeras y vulnerables. Si bien se trata de un fenómeno de escala mundial, el Gobierno también apunta al crecimiento de este sector, que tiene como fin estratégico salarios precarizados y la atracción de inversiones extranjeras.

Compartí este post: