Un protocolo para reprimir

El Ministerio de Seguridad aprobó un mecanismo de actuación de fuerzas de seguridad para la detención de personas lesbianas, gays, bisexuales y trans. Una advertencia a pocas semanas de la marcha del orgullo en un escenario persecutorio y represivo.

Por Edgar Ramirez

Publicada en [R]umbo N°24

A pocas semanas de la marcha del orgullo, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, aprobó un protocolo para la actuación de las fuerzas de seguridad en el caso de detención y registro de personas lesbianas, gays, bisexuales y trans.

El contexto de represión, luego de haber presenciado durante este año detenciones arbitrarias y violencia institucional en diferentes marchas, revela que detrás de esta medida está la intención de crear un marco legal para poder actuar con más soltura en caso de una detención.

Las fuerzas de seguridad deberían garantizar el cumplimiento de los derechos humanos a toda persona detenida, sin importar su orientación sexual o identidad de género. El hecho que se establezca un protocolo específico para la comunidad LGBTTQ no hace más que confirmar el incumplimiento de los derechos y la violencia con que son tratadas las personas de esta comunidad.

Según se dispuso, el protocolo se incorpora como “contenido obligatorio en los Institutos de Formación y en los Cursos de Ascensos de Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales”. Si bien es importante que las fuerzas de seguridad se capaciten en favor del respeto y los derechos de las personas en general, el protocolo dirige la acción hacia el momento de la detención y no tiene en cuenta la persecución y discriminación que Seamos Libres en Resistencia, Chaco. existe en la comunidad LGBT, aún no habiendo cometido un delito.

Otra de las preocupaciones en torno al accionar de las fuerzas de seguridad, es de qué manera determinarán si una persona integra o no el colectivo LGBTTQ.

Además, el protocolo establece que “queda totalmente prohibido todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión”. Con lo cual habría que preguntarse que implican dolores o sufrimientos graves, cómo se determinan y, en todo caso, si las fuerzas de seguridad estarían habilitadas para causar daños o dolores leves, ¿cómo se miden?

El protocolo deja muchos aspectos a libre interpretación y termina siendo, así, sólo un intento de tapar la discriminación y vulneración de los derechos que sufre la comunidad LGBTTQ.

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