Un verano feminista

El movimiento de mujeres logró la muestra de unidad más contundente de su historia. Esa organización marcó la agenda política y legislativa y puso al feminismo en el prime time televisivo. Esa organización obliga a escuchar lo que tienen para decir y reclamar.

Por Florencia Moragas

Publicada en [R]umbo N°26

El verano se termina. Uno de los últimos calores se sintió el 8 de marzo, fue el calor de la lucha, el encuentro o todavía un sol que pesa, poco importa porque como pocas veces se vio una multitud de mujeres, lesbianas, trans y travestis, que se encontraron en la calle para poner en la agenda pública las demandas de uno de los movimientos sociales y políticos más importante de los últimos tiempos.

Previo al paro, o durante su gesta, se habló mucho sobre feminismo, en especial en la televisión de aire. Esto generó múltiples lecturas pero, especialmente, se escuchó con frecuencia que ahora está de moda el feminismo o serlo, incluso, se sospecharía que da rating. Sin embargo, es una lectura descontextualizada y deshistorizada, en especial si hablamos de los feminismos en Argentina. Corrió y corre mucha agua bajo el puente del movimiento feminista. Más de 30 años de encuentros de mujeres, años de tejer redes en la Campaña por el Derecho al aborto legal, seguro y gratuito, redes para acompañar a mujeres en acceso a la información y a los abortos seguros, pero incluso, en la Argentina, la lucha feminista es previa a nuestra ciudadanía política.

Sí, sería admisible pensar que en esta coyuntura, hay un movimiento que viene de diversos lugares y realidades. El feminismo salió de los muros de la academia, ya no es solo para pocas y esto claramente potenció al movimiento. En las asambleas de este año, que se realizaron en distintos puntos del país para organizar el paro internacional, se vio -mejor que en las experiencias previas- que de las asambleas participan cada vez más mujeres, lesbianas, trans y travestis organizadas o no, de distintas edades, etnias, nacionalidades. Esa diversidad es la que está haciendo del feminismo hoy un movimiento cada vez más amplio y heterogéneo. Esta diversidad es una de sus principales armas. Porque el feminismo, sobre todo el feminismo popular, no admite la homogeneización.

AL PARO.

El 8M tiene muchos antecedentes, es una fecha con mucha historia y sobre todo mucha lucha. Sin embargo, hasta hace tres años no tenía una gran visibilidad. Hay varios factores que pueden considerarse para pensar por qué sí ahora lo tiene. Tiene que ver con la madurez del movimiento feminista a nivel internacional: la solidaridad este año permitió que en 57 países las mujeres, lesbianas, trans y travestis sean artífices de una medida de lucha global; la urgencia de su agenda, que ante la crueldad del sistema productivo y reproductivo se hace no solo necesaria, sino también que hoy es la forma más acabada de cuestionar los regímenes neoliberales; la necesidad de unidad, de construir acuerdos con responsabilidad, de jerarquizar la agenda en la calle y avanzar en la conquista de victorias, incluso cuando eso pareciera ser capital para otros.

En ese marco, la organización de este 8M asumió varios desafíos. Uno de ellos, la gestación de una agenda integral y política, construir consensos y unidad desde una ética feminista, como también la de neutralizar lecturas patriarcales que pujan por ser la conducción del feminismo.

El primer punto, está asociado al hecho de contar con una agenda concreta, transversal, popular y que se expresa en las calles. Pero también es el resultado de un proceso organizativo de muchísimos años. Hoy, la participación de compañeras en medios de comunicación, en instancias de decisión intermedia en los sindicatos, al frente de organizaciones políticas mixtas potencia al movimiento. Así es como, lento pero seguro, la agenda feminista avanza. La presión que ejerce un movimiento masivo como el de las mujeres, en un país como la Argentina, obliga a distintos actores políticos y sociales a escuchar y tomar nota, cuando se habla de luchas.

Un segundo elemento de este paro tuvo que ver con la unidad. Este 8M, la unidad que lograron distintos gremios fue un avance importante en la construcción de la unidad. Esta unidad, que está cargada de tensiones, dificultades y diferencias, pero ante todo está la convicción de saber que juntas las mujeres son más poderosas. La construcción de un bloque sindical que estuvo a la cabeza de la marcha, junto con la Campaña por el aborto legal seguro y gratuito, caminó desde Casa Rosada al Congreso, para exigir que la institucionalización de las políticas de Cambiemos no sean legitimadas por los legisladores, como sí lo fue la reforma previsional, que principalmente afecta a las mujeres.

También para reclamar que se requieren reformas laborales para conquistar más derechos y avanzar en una redistribución real, que está demasiado lejos de materializarse con los proyectos enviados por el Poder Ejecutivo al Congreso.

Por último, la unidad de la que se habla y se ensaya desde el feminismo asume formas de organización y conducción distintas a las que acostumbra el patriarcado heternormativo. Esta unidad que es lábil, se pone en riesgo muchas veces por las propias presiones que ejerce la práctica política tradicional. Por eso este 8M, no solo se mostró que no hay unidad sin nosotras, sino también que somos capaces de construir una unidad real en las calles. Pese a las diferencias y, a sabiendas que el desafío es avanzar en consolidar la praxis política, para cambiarlo realmente todo. Porque la revolución feminista va por todo.

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